ACTRICES

foto-actores-Elsa-mastrangeElsa Mastrángelo

Por María Varela

-¿Qué te ha impulsado a dedicarte a esta profesión?

-El día que yo nací mi madre había ido al teatro. Me gusta pensar que nuestra historia se escribe desde ese inconsciente que casi nos precede.

Muchos años más tarde fui con mi familia al teatro Solís, yo debía tener más o menos doce años, a ver una puesta de Moliėre dirigida por Eduardo Schinca. Y esa vez, conmocionada por la belleza del espectáculo, tuve la certeza consciente de que yo quería estar allí.

  • Tuve suerte y pude concretar ese sueño. Un día, ensayando una obra infantil con Aquelarre, mi hija de cinco años, que siempre quería ir a los ensayos, se sentó detrás del director, le tocó el hombro y le dijo: “Yo quiero estar ahí” y señaló el Y, otra vez, tuvimos suerte.

-Como egresada de la EMAD (Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático Margarita Xirgu) y teniendo una hija actriz, Cecilia Yañez, egresada de la misma escuela, ¿encontrás diferencias en cuanto a la preparación artística de tu generación a la de Cecilia?

-La escuela de Arte Dramático a la que yo fui era bastante diferente a la actual. A nosotros nos inculcaban una férrea disciplina, cosa que era buena, pero también nos hacían pensar que solo podías faltar al teatro con un certificado de defunción propio, más tarde comprendimos que eso era un invento de los  empresarios teatrales que eran dueños de las compañías de principios de siglo. Creo que hoy se fomenta de otro modo la creatividad y la autogestión. He visto espectáculos de recientes egresados y me asombra su nivel de riesgo en la creación. Hay más jóvenes que escriben, mujeres que dirigen. Algo tiene que ver con esta nueva escuela.

-¿El teatro es una disciplina que te da herramientas para relacionarte con otras personas?

-Por supuesto, este oficio nos obliga permanentemente a ponernos en el lugar del otro, por lo menos a comprenderlo, a pensar qué razones tiene para comportarse de esa manera, aunque no compartamos su accionar o su pensamiento. Creo que es una profesión que nos hace más generosos. Los actores sabemos que el escenario es como una máquina de Rayos X, ahí se ve con qué de nosotros construimos un personaje. Y ese nivel de exposición nos hace vulnerables y a la vez nos obliga a conocernos también a nosotros mismos. Como decía Atahualpa del Cioppo: “El teatro es la gran universidad de la vida”.

-¿Cuáles son los personajes que más te interesan interpretar?

-Yo disfruto todos los personajes. A veces los más insignificantes son, a la larga, los que nos producen más satisfacciones. Me gustan, de todas maneras, los personajes que dicen cosas que nos ayudan a pensar el mundo y a conmovernos. Me gusta la tragedia y me divierto mucho con la comedia. No soporto el teatro que, al decir de Lorca, “hace esa horrible cosa que es matar el tiempo”.

-¿Hay referentes que compartan todas las generaciones de teatro?

-No sé si los hay, pero creo que debería haberlos. Este país posee el privilegio de haber tenido grandes actores, directores, dramaturgos y pensadores. Es difícil nombrar a todos pero creo que deberíamos tenerlos más presentes y estudiarlos en las escuelas de teatro. Nos lo debemos. Cada generación merece saber qué lo antecede para no volver a empezar de cero.

-¿Qué estás haciendo actualmente y que proyectos tenés?

-Este mes reponemos, en La Candela, “El abuso”, dirigida por Hugo Giaccino con texto de Rosa Álvarez. Es sobre nuestra historia reciente. Tengo algún proyecto que aún no sé si podré realizar, pues a pesar de tantas luchas aún no hemos logrado vivir del teatro. Así que a veces los tiempos no dan.


 

foto-actores-lila-garciaLila García

Por María Varela

-¿Qué vocación descubriste primero, la de psicóloga o la de actriz?

-Pensando en “calendario”, primero se dio la de actriz, pero no es muy justo ordenarlas ya que en un lapso no mayor a dos años tenía certeza de lo que quería ser. Ambas fueron intereses claros de la adolescencia, luego con la formación y la práctica se han constituido como fuertes vocaciones.

-Actriz, directora, docente y psicóloga, ¿Cómo vas conjugando diariamente esa multiplicidad de roles?

-Agenda, reloj, velocidad y mucha concentración… ¡una pócima que permite estirar el tiempo! En realidad no lo tengo claro. Más allá de armar un orden en el que funciono, soy estricta con lo que decido hacer y le doy un valor inmenso al instante. Soy madre, tengo familia, una vida privada y mis actividades. Vivo con intensidad, todo lo que hago es parte de lo que soy. Y asigno importancia, claro, y renuncio a cosas, trato que sean pequeñas renuncias, o grandes pero muy conscientes.

-Además sos una artista con participación gremial, asumiste cargos de  secretaria y presidenta de la SUA (Sociedad Uruguaya de Actores). ¿Qué experiencia te quedó de tu labor en la SUA?

-Aunque no esté en la dirección del sindicato aún formo parte de él, tengo tarea y estoy a disposición. Además de esos diez años en la directiva de SUA, traigo los principios de la institución en la que comencé, Pequeño Teatro de Durazno, y la gestión independiente de lo artístico: desde donde puedo, participo; mantenernos con tareas desde lugares diferentes fortalece la acción colectiva. Valoro toda institucionalidad que sea inclusiva y se mantenga en diálogo franco con la realidad, y valoro las organizaciones que procuran un colectivo fuerte y solidario. Entonces, escuchando a mi experiencia, ahí estoy para construir.

-¿Crees que los trabajadores del arte tienen que involucrase como agentes de cambio social?

-Creo que el eje de todo cambio social es la Cultura y dentro de ella, y muy especialmente, las artes son un vector de incidencia invaluable y una herramienta necesaria. Creo que un trabajador del arte tiene doble responsabilidad hacia el cambio social: como trabajador y como trabajador de las artes.

-¿Aplicás la psicología cuando abordás un trabajo dentro del teatro, ya sea como actriz o como directora?

-No es posible una visión pura. Uso lo que tengo, soy y creo en cada experiencia. En teatro, creo que “entender y sentir” no es suficiente. En realidad creo que no hay fórmula, debemos esforzarnos por ser plásticos, estudiosos y desarrollar la sensibilidad. Como actriz y directora me alejo de entender la psicología de un personaje o psicologizar la puesta en escena como ejes de la creación. El cuerpo del actor es un instrumento que debe estar afinado para poder estar vivo y en acción. Y la escena también debe ser un organismo vivo. Apuesto a la conjugación de múltiples elementos: la actuación, el texto, los objetos, el sonido, la iluminación… una combinación de todos, en distintas dosis según la obra, según lo que quiero decir, y apunto a llegar al espectador por diferentes canales de percepción a la vez. Es una apuesta que parte del texto y lo que quiero decir a través de él; para ello es necesario construir una estética que sustente.

-¿Qué proyectos tenés, además de la obra que estrenaste, para este año?

-Hace un mes estrenamos La bondad de los extraños y ahora está en proceso otra obra a estrenar también este año. A mediano plazo quizá se pueda poner en escena una comedia que aguardo con ansias, y luego quisiera enfocarme en una obra que hace unos años quiero montar, pero es un proyecto grande para ser una producción independiente, por lo que debiera concentrar mis energías para lograrlo.