ACTRICES

Mariana Lobo

Por María Varela

foto actores Mariana Lobo-¿Cómo fue tu formación artística?

-Es un caso un poco peculiar, porque empecé a estudiar arte dramático ya “grandecita”. Al salir del liceo me había inscripto en la Casa de la Cultura Municipal para hacer un taller de teatro con la idea de que fuera la preparación para presentarme a la prueba de ingreso de la EMAD, Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático Margarita Xirgu, al año siguiente. Las clases comenzaban el 17 de abril. Era el año 1989. Ese lunes, el día siguiente al plebiscito para derogar la Ley de Caducidad, no pude levantarme para ir a la clase. El dolor era tan intenso que estuve años vistiéndome de negro. Y olvidé esas ganas. Ser actriz era un sueño que había catalogado en mi interior como “imposible”. Muchos años después, enredada en otro duelo más negro aún, mi madre me dijo: “Soñá lo que querés e intentalo, sea lo que sea”. Y entonces, a los veintinueve años, di el examen de ingreso y entré en la EMAD y comencé a vivir otra vida dentro de mi vida.

-¿Tenés algún trabajo de interpretación que te haya servido de referente en tu evolución?

-Recuerdo dos momentos de impacto, uno por la belleza de las formas y otro por la proyección para mi gusto perfecta de un estado: Estela Medina haciendo “Cuarteto” de Heiner Müller con Levón, y Meryl Streep cayendo derrumbada contra la mesada de la cocina en “Las horas”.

-Además del teatro incursionaste en la radio, como comunicadora y actriz, ¿qué diferencias hay a la hora de ejercer esos roles?

-Para mí fue muy, pero muy, diferente, en el sentido en que como comunicadora “soy yo” y cuando actúo “me presto” al personaje. Como comunicadora fue un desafío para mí sostener mis opiniones, o inclusive decir “de esto no voy a opinar”… Por otra parte la radio genera una cercanía y una cotidianeidad con el oyente que es maravillosa, hasta el día de hoy hay gente que me comenta “vos estabas en mi casa todos los días, mientras hacía tal o cual cosa los escuchaba y eran como de la familia”. Como actriz el vínculo es diferente: es más energético por un lado, y fugaz por otro. Intenso, pero fugaz.

-Según tu experiencia, decime lo mejor y lo peor de esta carrera.

-Lo mejor: ser un servidor de las emociones y el pensamiento. Ser un canal para que el público sienta otras cosas, piense otras cosas, amplíe su rango de emociones. Lo peor: que no se pueda vivir sólo de actuar.

-¿El crecimiento personal contribuye para la creación de un buen desarrollo artístico?

-Creo que en cierto punto sí, porque conocerse más a uno mismo puede facilitar que uno maneje qué botones tocar para qué, pero sobre todo creo que contribuye a mejorar las relaciones con los otros… en mi caso personal yo era un demonio de autoexigencia que le podía estropear el estreno más bonito a los compañeros llorando y lamentándome de lo mal que había estado… En eso me ayudaron mucho Luis Lage, que un día en un festival mientras yo lloriqueaba por mi mala performance me dijo: “Amorcito, estamos todos contentos, estuviste divina, no seas mala, dejános estar contentos”; y Temponi, que me hacía acordar periódicamente que no éramos cirujanos y que no se moría nadie del público si uno se equivocaba o no estaba brillante.

-¿Qué proyectos tenés para 2017?

-Este año estoy entusiasmadísima con los dos proyectos que se vienen: “El viento en un violín” de Claudio Tolcachir en el Teatro del Notariado y “Decadencia” de Berkoff, las dos dirigidas por Gerardo Begérez. Más contenta y agradecida a la vida, imposible.


foto actores jimenaJimena Perez

Por María Varela

-¿Qué formación teatral tenés?

-Viviendo en Villa Rodríguez, San José, cuando tenía 13 años me invitaron a integrar un grupo de teatro que funcionaba en el club social del pueblo. Ignacio Espino (hoy hay un centro cultural en San José que lleva su nombre) era quien dirigía. Él fue quien me animó a hacer la Escuela Municipal en el Teatro Macció. En ese entonces se podía ingresar a la escuela con 15 años y el curso tenía una duración de 3 años. Mis primeros docentes fueron Jorge Triador, Mary Minetti y Carlos Aguilera. Cuando termino el liceo decido regresar a Montevideo y dar el examen de admisión en la EMAD, Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático Margarita Xirgu. Los cuatro años de la carrera (intensos e inolvidables) transcurren entre 1996 y 1999 cuando fue director Levón.

-Interpretaste personajes muy distintos a lo largo de tu carrera, ¿hay alguno que recuerdes particularmente por las dificultades o las alegrías que te dio?

Todas las obras y personajes tienen su gusto especial. Destaco todo el período que trabajé en Teatro en el Aula como parte del aprendizaje actoral. El intercambio con los estudiantes fue riquísimo a nivel profesional y personal. Mi primer papel recorriendo liceos de Montevideo fue Finea de “La dama boba”, rol que vuelvo a transitar ya formando parte de la Comedia Nacional. Algunas obras te van marcando por el desafío interpretativo y otras te nutren también por ver trabajar a tus compañeros, al director y seguir de cerca procesos creativos. “Blackbird” tuvo un profundo y difícil trabajo interpretativo. Dirigida por Margarita Musto y compartiendo escenario con Levón, la única opción y posibilidad era la de aprender, exigirme y crecer. Viví todo el proceso de ensayos y funciones de “La dama boba” en 2013 con muchísima alegría porque mi embarazo avanzaba mientras el personaje maduraba. Inexplicable.

-Estuviste en la versión original de “Gatomaquia” dirigida por Héctor Manuel Vidal -junto a Diego Arbelo, Leandro Núñez y Cecilia Sánchez-. Fue una obra muy relevante en nuestro medio. ¿Qué aportó a tu carrera haber participado en ella?

Con “Gatomaquia” disfrutamos todo. Tener a Héctor como director, trabajar con actores que después fueron amigos y gestar desde el vamos un espectáculo entre todos. Jugar; jugar a contar historias para que otro se las crea. Jugamos a encontrar distintas formas de contar la historia de esos cuatro gatos. Esa obra me aportó, entre otras cosas, descubrir el profundo gusto por el disfrute de “contar una historia”.

-Has hecho comedias musicales. ¿Te seducen las comedias que incluyen una interpretación musical por parte del actor?

Con la música y el canto tengo una relación inquebrantable y es inevitable buscar y probar estados y costados de cualquier personaje por ese camino. Las veces que participé en comedias musicales, o musicales simplemente, tuve sensaciones de plenitud. “Sugar”, “Víctor Victoria”, “Gotán”, “La micción”, “Cuartito azul”, “La duda en gira”… A los 12 años cantaba en una orquesta típica de tangos y salía en una murga de niños. Creo que desde ahí experimenté y descubrí el significado de mi concepto de “pasión”.

-¿En qué momento llegaste a la convicción de que querías entrar al elenco de la Comedia Nacional?

La convicción de formar parte de la Comedia Nacional la voy creando día a día. Agradezco el privilegio de seguir en permanente formación. Comparto trabajo con actores que admiro y aprovecho a cada director (extranjero, local y del propio elenco) para seguir creciendo.

-¿Ya sabés los trabajos que vas a realizar este año?

-En este momento estoy haciendo funciones de “Como gustéis” de W. Shakespeare con dirección de Levón y ensayando “Galileo Galilei” de B. Brecht con dirección de Alberto Coco Rivero. Si bien sabemos los títulos a trabajar hasta fin de año, no están del todo definidos los repartos y por lo tanto no tenemos esa información. Pretendo jugar a ser otro. Jugar junto con el público. Comunión. Jugar y jugar.