ACTORES

foto-actores-DanteDante Alfonso

Por María Varela

–¿Por qué decidiste estar en el teatro?

Llegar al teatro fue en realidad una casualidad. Tenía 16 años cuando vi “Noche de reyes” de Shakespeare, dirigida por Eduardo Schinca en el Solís. Ésa fue mi primera obra como espectador, me marcó, y si bien me maravilló nunca pensé en esa época que iba a ser actor. Mi inclinación en ese período era la música, de chico me gustaba cantar. Un día fui a Canal 12, a El Show del Mediodía, programa muy popular en esos tiempos. Tendría 15 años y dije “quiero cantar”. Cacho de la Cruz, uno de los animadores del show, me dijo “bueno, andá para que te hagan una prueba en el piano. Hice la prueba e inmediatamente canté en el programa, fue divertido. Cacho y Alejandro Trotta, otro animador del programa, bailaron mientras yo cantaba. Ahora, a la distancia, me asombran las cosas que me animaba a hacer cuando tenía 14 o 15 años, ya que soy una persona muy tímida. Tenía una inclinación artística que me estaba empujando mucho. Me gustaba la pintura, una disciplina que intenté muchas veces empezar, hice talleres, aunque nunca terminaban de concretarse. Intenté entrar en Bellas Artes, pero en ese período fue que la cerraron. A los 17 años me anoté en el Instituto de Estudio de Máquinas y Herramientas y un día dije “esto no es lo que quiero, voy a estudiar pintura”, pero no había cupos para los cursos de pintura, sí había en el curso de publicidad y me anoté, pero nada que ver con lo artístico. En los viajes en ómnibus que hacía para ir a los cursos coincidía con una vecina que estaba en un grupo de teatro, una divina vecina que se llama Lupe Mesa Deus, querida compañera de teatro. Por ella empecé a hacer teatro y descubrí un mundo que no tenía la menor idea que existía.

-Como docente de la Escuela de Teatro El Galpón y de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático Margarita Xirgu (EMAD), ¿cómo vez a las nuevas generaciones insertándose en el campo laboral teatral?

-Es difícil en el área de diseño, de escenografía, que es en las que doy clases. Siempre le digo a los chiquilines: “Miren que cuando salgan de la escuela no los van a estar esperando con una alfombra roja; ustedes tienen que empezar a abrirse camino”. ¿Qué quiero decir con esto?, que tienen que empezar a tener una actitud responsable frente al trabajo, tienen que empezar a tomar decisiones, a tener iniciativas y no estar esperando que el laburo venga a ellos, hay que salir a buscar el trabajo, hay que aprender a buscarlo. Creo que hay posibilidades si vos no das por sentado que está todo hecho, no hay que quedarse sentado a esperar a ver cuándo te toca. Hay que tener una actitud creativa, tomar iniciativas, buscando, indagando… me importa mucho generar esa inquietud en los estudiantes. Realmente me cuestiono qué es lo que tenemos que enseñar. Quizá lo que tenemos que enseñar es una de las cosas fundamentales, y es cómo pararse en la vida. Después de dirigir “Bang, bang, estás muerto” me hice muchas preguntas y una de ellas fue qué es lo que tenemos que enseñar. ¿No será que lo primero que tenemos que enseñar es amar la vida? Si uno quiere a la vida se quiere a sí mismo y quiere a los otros; si fuera así creo que nadie mataría a nadie, sería un mundo mucho más armónico. Fue una obra movilizadora y cuestionadora para mí. He visto salir grupos muy buenos de la EMAD. A la generación de la escuela de El Galpón le falta un par de años para terminar su formación, pero tanto acá como en la EMAD mi preocupación es la misma: que los futuros egresados sean conscientes de su trabajo, y más en el teatro independiente donde no se trata solo de hacer una función, no es solo pararse arriba de las tablas, sino que hay un mundo mucho más amplio que nosotros tenemos que transitar, mantenerlo, cuidarlo, ser conscientes de la infraestructura, saber que existe la escenografía, los técnicos… todo eso va formando el hecho teatral. Me importa mucho que sean conscientes de eso, que también se paren de una manera respetuosa y más cuando tenés una institución como ésta, que necesita mucho estar, mucho compromiso. En éste o en cualquier grupo teatral se necesita de estas actitudes. Siempre digo que si hay una de las artes donde se necesita más entendimiento es en el teatro, porque en el trabajo estamos todos, es un trabajo colectivo. No me cansaré de decirle a los muchachos que está todo por hacerse y no hay que descansarse.

-Actor, autor, diseñador, realizador, director y docente, de todos estos roles ¿cuál es el principal en tu carrera?

-Mi primera formación fue como actor, hice la carrera de actuación en la Escuela de Arte Escénico de El Galpón. Por circunstancias de la vida terminé siendo escenógrafo, ya que también me gusta mucho la plástica como dije anteriormente. Si hay algo que disfruto de los viajes es tener la posibilidad de ir a los museos. También, como estrategia, pude elaborarme desde el punto de vista económico trabajos que están vinculados al arte, hago montajes de exposiciones, por ejemplo. Todos los trabajos que realizo están vinculados con lo artístico, eso me da la posibilidad de estar en contacto siempre con la parte creativa, es un enriquecimiento permanente. En el último tiempo la dirección me ha absorbido, pero este año retomé la actuación, trabajé en la obra “Hechos consumados” de Juan Radrigán, bajo la dirección de Dardo Delgado; tenía ganas de actuar. Quise tener nuevamente la experiencia como actor para poder volcarla en la dirección. Es fácil como director decirle a los actores movete para allá, tené más intensidad… pero uno también tiene que poder hacer todo lo que pide como director; fue lindo el desafío. Una de las cosas de que me di cuenta fue el esfuerzo que tuve que hacer, porque perdí el training en lo que tiene que ver con la actuación. El entrenamiento es fundamental.

-¿Hay algún rubro que no hayas incursionado en tu carrera artística?

-Sí, tengo una deuda pendiente, sueño encontrar y poder hacer una obra que la pueda disfrutar un niño chiquito y un anciano a la vez, que puedan compartirla con la misma frescura e intensidad, que sea para todos. Cuando Violeta Parra dice “el amor es torbellino de pureza original, hasta el feroz animal susurra su dulce trino, detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros; el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño…” es algo que entiende cualquier persona y es hermoso; un especialista en letras puede también explayarse en un análisis profunde diciéndolo sencillamente. Otra de las cosas que me gustaría hacer es tener una camioneta y con un grupo recorrer pueblito por pueblito. Esto tiene que ver con lo primero que te dije, el encontrar una obra, hacerla, que la entiendan y la disfruten todos de igual manera y poder llevarla por todo el interior de nuestro país.

-Como integrante de muchos años de El Galpón, ¿cómo vez hoy el teatro independiente?

-Más que nunca lo veo con unas posibilidades enormes y, como decía anteriormente, si pensamos que ya está todo hecho estamos fritos; hay mucho por hacer todavía. Sueño que podamos tener más tiempo para poder profundizar más, porque hay una condición que no hemos podido limar entre lo artístico y lo económico. Un ejemplo es contar como teatro independiente con la posibilidad, sin apuro, de llegar a cuanto pueblito haya en Uruguay, de recorrer nuestro país. Desgraciadamente, por los trabajos que tiene la gente, no se puede realizar a fondo ese proyecto, sí se hace de forma esporádica; para ir por todo el país se tendría que vivir de esto y ahí aparece la contradicción en la que estamos. Hice mucho teatro en la calle, he ido muchísimo al interior. Cuando llegas a ella, no sabés lo agradecida que queda la gente del interior, es maravilloso, y da mucha satisfacción llevar el teatro a todo el país. Ojalá podamos hacerlo. También se trabaja muy bien en extensión cultural. Vienen miles de alumnos y habría la posibilidad de que vinieran muchos miles más aceitando algún mecanismo para que los gurises sigan viniendo. En extensión trabajamos tres franjas etarias, preescolares y primer año, segundo y tercero, y quinto y sexto. Esto les da la posibilidad de que en su vida escolar puedan venir varias veces al teatro. La tarea de extensión nos parece de un valor enorme y no queremos dejar de hacerla. El trabajo es mucho y muy satisfactorio.

-¿Qué proyectos tenés en corto plazo?

-En este momento estoy en la comisión artística de El Galpón, esa tarea lleva mucho tiempo, muchas lecturas, para seleccionar las obras a realizar. Capaz que el año que viene dirijo una obra para preescolares. Tengo un librito que me encantó, que debe tener doscientas palabras, no sé si las tiene, pero me abre una ventanita como disparador para la imaginación. Me gusta el desafío de hacer con ese poquito texto una obra. Creo que en arte hay que desconfiar de lo fácil. Cuando hice “El ala quebradiza de la mariposa” de Santiago Sanguinetti me pareció un desafío y cuanto más iba trabajando más le encontraba sentido a la obra. Eso es lo que me gusta hacer, tener buenos desafíos.


foto-actores-Felix-correa-2Félix Correa

Por María Varela

-¿Qué te ha impulsado a hacer teatro?

-En realidad diría que no puedo distinguir un hecho que haya sido “el impulso” sino varios pequeños-grandes impulsos. Siempre me vi en un teatro. Comencé desde muy niño, a los 4 o 5 años aproximadamente, en la escuela, tal vez como comienzan muchos. Casi todos los recuerdos de mi infancia son en un escenario. Quizas haya sido mi madre ese impulso. Ella me hizo estudiar canto, piano, era modista y me hacía los vestuarios. Tambièn tuve la suerte de tener una maestra de Primaria a quien le gustaba hacer representaciones de cuentos infantiles a fin de año y se ve que yo tenía facilidad, o tal vez era porque mi madre me hacía los vestuarios, pero casi siempre era el protagonista Ese fue otro impulso. Yo era muy tímido en la “vida real” pero en la ficción todo cambiaba. Un día me vio un director de zarzuelas y creyó que era bueno para eso; fue un nuevo impulso. Habló con mi madre cual contratista futbolero y al poco tiempo estaba en su compañía cantando y “cobrando”. Después me llegó la adolescencia y era muy dificil, y poco “varonil”, decirle a mis amigos pateando una pelota “miren que a mí me gusta el teatro”. Hasta que un día hablando con un vecino que vivía frente a mi casa que me dijo “¿sabés que me gusta el teatro” me sinceré: “¡No! A mí también…” Fue otro impulso… Luego llego a la EMAD, Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático Margarita Xirgu, y hasta hoy no paré. Tal vez suene muy soberbio, pero puedo decirlo: viví en el  teatro y vivo del teatro, no en el sentido económico, lo cual es casi imposible, pero sí en el sentido vivencial, en el de respirar, en el de necesitarlo todo los días y a cada momento como al aire.

-¿Qué es lo más complejo y qué lo más placentero del teatro?

-Lo que yo creo más complejo del teatro es todo lo que lo rodea: el buscar una sala o un lugar donde realizarlo, espacio donde ensayar, la producción, la difusión etcétera. Todo lo que tiene que ver con la gestión. Eso también me gusta pero, aparte, estudie Gestión Cultural en Fundación Bank Boston y administré un teatro durante casi veinte años. Conozco todo, porque hice de todo: desde la boletería hasta levantar el telón, pasando por la parte técnica y la negociación con los productores… de lo que sucede dentro de un teatro puedo hablar con propiedad. Llegué a estar realizando un personaje en el escenario e ir a pagar a alguien o a hacer de portrero en la otra sala mientras no me tocaba actuar.

¿Placentero…? Buscar la obra o crearla, juntarnos para los ensayos, la creación, la representación y para las cenas despúes del espectáculo. Del teatro me gusta verlo, actuarlo, leerlo. El mayor placer para mí sería que el público pudiera ver el personaje y no a mí haciendo de… cosa que hoy veo que en nuestro teatro no se da con mucha frecuencia. Es imposible que un actor pueda crear un personaje siempre distinto y no repetirse a sí mismo cuando tenés que actuar en tres o cuatro obras al año. Por eso, y sé que si digo esto a muchos no les va a caer bien, no creo en los elencos estables, en el teatro estable; al menos no como se realiza acá. El arte no puede ser estable, nada que tenga que ver con la creación es estable, el movimiento hace a la creación. Lo estable crea quietud y no deja avanzar.

-¿Encontraste gente de teatro que te ha apoyado a lo largo de tu carrera?

-Sí, mucha… todos los profesores que tuve, todos ellos algo siempre me dejaron: cuando comencé, Eduardo Schinca, Elena Zuasti, Armando Halty, Berto Fontana, Jaime Yavitz; más acá en el tiempo, Jorge Denevi, Eduardo Cervieri, Hugo Blandamuro, Ariel Caldarelli, Bettina Mondino… y, por supuesto, me estoy olvidando de unos cuantos. Pero también en otro plano, y muy importante, es el apoyo de mi señora con su familia. Es muy dificil decir “te presento a mi futuro esposo, el padre de mis hijos… ¿Qué hace? Es actor”. Nunca cuestionaron mi decisión, al menos que yo lo supiera, al contrario… Y mis hijos: no es muy facil tener a alguien que se cree actor en casa, tener que explicar: “Sí, es actor”; “¿Pero en qué trabaja?”.

Y no solo puedo hablar de gente que ayudó, también el Carnaval me apoyó y me aportó mucho en esta actividad. Es otra forma de teatro que te da lo repentino, lo de encontrarte cada noche con públicos diferentes, lo de conquistarlos, llamar su atención, te da la sorpresa.. te convertis en un “cómico de la legua”.

-¿Dentro del quehacer teatral que iría primero: el talento, el esfuerzo o la disciplina?

-Todas se complementan, creo que hace falta un poco de cada una. Puede haber talento, pero si no hay disciplina y esfuerzo… o al revés, puede haber mucha disciplina y mucho esfuerzo, pero si no hay talento… “Todos amamos al teatro, pero el teatro no nos ama a todos”. Aunque si tengo que priorizar pongo primero el talento, el esfuerzo y la disciplina se pueden desarrollar… Pero si no hay talento… mmmmm.

-¿Cuál de las obras en las que participaste tenés más presente?

-No tengo una sola, tengo varias y por distintos motivos; muchos de ellos son artísticos, cada obra siempre te deja algo, bueno o malo, pero de todas sacás algo. “Woycek”, la primera obra que hice con la Comedia Nacional y dirección de Eduardo Schinca; “Platonov”, una obra que no vio casi nadie -la dirigia un ruso, Tepliakov, quien se peleaba con casi todos los actores… yo llego a esa obra despúes de la renuncia de un actor, o mejor dicho de varios actores y actrices… era terrible, pero lo que aprendías con él era impagable, conmigo se llevaba bien. Puedo citar también “Extásis”, con Jorge Denevi en el Teatro El Galpón. Todas las obras en las que trabajé con Denevi eran -y espero que sigan siendo (¡que me llame, por favor!)- clases gratuitas. En “Tu momento en la tierra” de Vilhem Moberg fue la primera vez que trabajé con un director extranjero, Arne Andersson (sueco) y que me permitió conocer Europa. “El Santo de fuego” con el Maestro Atahualpa del Cioppo, fue la última obra que él dirigió … ¡Creo que me di algunos lujos!. “El Profe”, mi primer monólogo, el cual hoy sigo haciendo y que cada vez cobra más realidad. Lo han visto muchos alumnos, profesores, maestros… no solo en Montevideo sino también en el interior, y fui invitado a Venezuela a hacerla en institutos y facultades. “Los dos gemelos Venecianos” de Carlo Goldoni, dirigida por otro Maestro, Ferrucio Soleri… ¡cómo aprendí con ese hombre! Es un “capo” italiano especializado en la Comedia del Arte; me enseñó a hacer el Arlequino y todos los otros personajes (Il Dottore, El Capitán, Pantaleón). Hoy casi nadie hace este tipo de teatro o el teatro en verso. ¿Qué nos pasó? ¿Nos quedamos sin maestros?

-¿Qué planes tenes para más adelante?

-Ahora estoy ensayando con Carlos Rodríguez una nueva obra, “Una reverenda comedia”, cuyo título original es “Niños expósitos”, el cual no es un título muy atractivo (según el marketing) y si preguntás casi nadie sabe qué eran los niños expósitos. Sin embargo es una muy atractiva comedia de Rafael Brussa (argentino) con la dirección de Eduardo Cervieri que vamos a estrenar en el Teatro Circular en el mes de enero. Sigo con las funciones de  “El Profe”, obra que fue elegida para el Fortalecimiento de las Artes de la IMM y va por muchos barrios de Montevideo y que en enero llega a la Sala Verdi para el Festival de las Artes.

Hice y seguiré haciendo por muchos liceos de Montevideo una obra que escribieron las profesoras Carolina Cerruti y Ana Rico: “Pura química, pura física”, un encuentro entre Madame Curie y Albert Einstein, en la que en 45 minutos se cuenta, brevemente, la vida de ambos y se interactúa con los alumnos en experimentos científicos. Con estas dos obras, además, tengo ya pensado irme a España, no porque me las hayan pedido, no, para nada… solo que he descubierto que a lo mejor necesito movimiento, para no quedarme “estable”.