Columna de Cine

EL OSCAR CONTRA TRUMP

Guillermo Zapiola

foto-nota-cine-el-viajante-No es su culpa, pero es inevitable razonar que en la obtención de su segundo Oscar el iraní Asghar Farhadi fue ayudado involuntariamente por Donald Trump. Su película es realmente buena, sin embargo.

Casi todos los pronósticos con respecto a los últimos Oscar vaticinaban que la película alemana Toni Erdmann sería la ganadora en el rubro Mejor producción en lengua no inglesa. Fue una de las pocas profecías incumplidas en el evento, y es probable que la razón haya que buscarla en los vericuetos de la política internacional y no en los valores de la película en sí misma.

Lo primero que hay que aclarar es que el firmante de esta nota no ha visto Toni Erdmann y por lo tanto no puede afirmar que sea mejor que El viajante de Asghar Farhadi, producción iraní que en definitiva ganó. Es justo señalar también que la película de Farhadi, reciente estreno montevideano y motivo de la presente crítica, es realmente buena, por lo cual premiarla no ha sido necesariamente un disparate. Es inevitable pensar, de todos modos, que la política ayudó. Pocos días antes una orden ejecutiva de Donald Trump había prohibido que ciudadanos de siete países considerados “peligrosos” (entre ellos Irán) pudieran viajar a los Estados Unidos, aunque al ser nominado Farhadi se hizo con él una excepción y se le autorizó que asistiera a la ceremonia de premiación. Dignamente, Farhadi no viajó, señalando que se negaba a disfrutar de un privilegio que se le negaba a otros compatriotas. Cabe sospechar que el gesto tocó las fibras liberales de la mayoría de los votantes de la Academia, y que ello ayudó a que aumentaran los votos a favor de la película.

El lío con ese tipo de situaciones es que termina oscureciendo lo que debería ser el centro del asunto: la valoración objetiva de los méritos estéticos de una película en particular. El viajante arriesga pasar a la historia como la película que la Academia premió para fastidiar a Trump, y no como la realización realmente meritoria que es en verdad. Vamos al centro del asunto (the heart of the matter, como tituló Graham Greene una de sus  mejores novelas): El viajante es una película realmente valiosa, y Farhadi uno de los más interesantes cineastas en actividad. Es falsa la boutade de Godard de que “el cine nació con Griffith y murió con Abbas Kiarostami”.

Es también el segundo Oscar de Farhadi, lo que lo coloca en un selecto grupo de cineastas internacionales que se han llevado más de una estatuilla (Bergman, Fellini, Kurosawa, de Sica). El anterior lo obtuvo por la espléndida La separación, que era un sutil examen de un matrimonio en crisis. De las siete películas que ha dirigido el espectador uruguayo llegó a conocer después la correcta aunque inferior El pasado, que trasladaba su acción a París y examinaba allí otra ruptura de pareja, con protagonista iraní que viajaba a Europa para firmar los papeles de divorcio de su esposa francesa.

Sin forzar demasiado las cosas podría sostenerse que El viajante, La separación y El pasado constituyen una trilogía sobre un tema común (la crisis de pareja), aunque el tono y el tratamiento de las tres películas sea diferente.

El hombre (Shahab Hosseini) es docente, la mujer (Taraneh Alidoosti) ama de casa, y ambos comparten una pasión por el teatro que los lleva a preparar una puesta de La muerte de un viajante de Arthur Miller. En su viejo departamento alquilado de Teherán comienzan a aparecer grietas y daños estructurales que amenazan con un posible derrumbe, los personajes se ven obligados a mudarse urgentemente a otro lugar. La mujer sufrirá por error un ataque inesperado (el verdadero objetivo del atacante era una inquilina anterior) y ese episodio empieza a generar grietas en el interior de la pareja. Súbitamente, el riesgo de derrumbe edilicio se convertirá en metáfora de otro desmoronamiento, más grave, de carácter afectivo y existencial.foto-nota-cine-el-viajante

A partir de ahí la película se muestra como un cruce de géneros, con algo de  thriller, una reflexión sobre la venganza y la culpa, y un examen de cómo el azar puede hacer tambalear el equilibrio y la vida emocional de una o varias personas. Farhadi examina con agudeza y pulso firme ese drama humano, y cuenta para sacarlo adelante con dos intérpretes fuera de serie, Shahab Hosseini y Taranek Alidoosti: ambos habían trabajado ya para él en la elogiada A propósito de Elly, no estrenada comercialmente en Montevideo aunque exhibida en un festival de Movie en 2012, y Hosseini estuvo también en un papel secundario de La separación. El peso de su presencia, la riqueza de detalles con la que ambos componen a sus personajes, hace parte del logro de la película (inciden talmente, Hosseini había ganado también el trofeo de Mejor actor en Cannes, donde la película se alzó igualmente con el galardón a Mejor guión). Cabe consignar que Farhadi prepara actualmente otro thriller, aún sin título, que se rodará en España y en el que actuarán Ricardo Darín, Javier Bardem y Penélope Cruz.