Entrevista Central

foto Macunaima 3 Atilio Duncan Pérez “Macunaíma”
“Un poeta resiste hasta lo último”

Atilio Duncan Pérez, más conocido como “Macunaíma”, es poeta, hombre de radio, ha trabajado como redactor creativo en publicidad y también es docente. Un cronista de su época, comprometido con la calidad y lo sustancial en el arte y el quehacer social y político. Unos días antes de lanzar su nuevo libro “Ontheroadagain – Proyecto Ferlinghetti II” (el 1º de diciembre en sala Zitarrosa), fuimos a su encuentro para hablar de sus pasiones, la música, la poesía, la radio, temas a los que se refirió con el entusiasmo y la inquietud que lo caracterizan

 Por   Gerardo Mantero & Luis Vidal Giorgi.

-Este año, en tres meses sucesivos, nuestra cultura sufrió tres pérdidas muy importantes: el “Bocha” Benavides, Coriún Aharonián y Daniel Viglietti.

-son pérdidas cruciales.

-Son pilares, referentes que formaron una generación de artistas y de públicos.

-Los tres tienen en sus respectivos campos una importancia absolutamente central. La música popular no sería lo que es, naturalmente, si no hubiera estado Rubito Lena, Zitarrosa, los Olimareños, Numa Moraes, Aníbal Sampayo, pero Daniel colocó el listón muy alto. Yo lo conozco desde 1969, cuando había en Uruguay una espiral de violencia. A mí me maravillaba el trabajo de Daniel, sobre todo desde el punto de vista de la relación con la poesía, con Lorca, con Vallejo… de una riqueza musical y literaria… Él fue un referente, un faro para una generación entera de músicos de la época, y también para las que siguieron. Bocha Benavides es indudablemente el gran poeta uruguayo del siglo xx. Capaz que lo estoy afirmando tocado por la subjetividad, pero yo quiero decirles, ahora que el Bocha no está y no tengo que pedirle permiso para hacer esta cita, que Carlos Drummond de Andrade, el mayor poeta brasileño contemporáneo del siglo xx, en 1975 me mandó una carta en donde me decía: “Yo conozco de la poesía uruguaya a Washington Benavides, que es la voz más alta que hay”. Fue un educador, un maestro de generaciones, y un poeta cuya obra, afortunadamente ha sido editada en su mayor parte… es un poeta central. ¡Y qué voy a decir de Coriún! Es otra pieza clave, porque él contribuyó no solo con la generación del sesenta, fue arreglador de discos de Daniel Viglietti, aconsejó a los Olimareños, tuvo una cierta ascendencia sobre otros cantores pero, definitivamente, en la dictadura, fue un faro para Jorge Lazaroff, y para muchísimos compositores, y para las generaciones que vinieron después. Son tres pérdidas irreparables en un país donde, desafortunadamente, asistimos a un fenómeno de colonización cultural terrible, porque está colonizando la chatarra más chatarra de Argentina, y eso es lo que impera en el 90% de los medios de comunicación. La gente no habla de otra cosa que eso, hay intendencias que gastan en tres días todo el presupuesto anual de Cultura para traer a figuras de quinta categoría de la farándula porteña y a algunos émulos locales. Te dicen un día “no vamos a contratar a determinados artistas de determinado género, no por excluirlos sino porque no me parece que tengan que ir a ese tipo de festival como el de la Rural”. Te dicen que no lo van a hacer y después contratan con presupuestos muy altos a esos artistas y dejan fuera a una gran cantidad de artistas emergentes porque, según ellos, no los conoce nadie y porque los pobres tienen derecho a divertirse… Los pobres tienen derecho a divertirse, por lo tanto el presupuesto se va en contratar a Rombai, a Márama, al Gucci, que no me hicieron nada y si les va muy bien, y si les va mejor, me alegro, pero no tengo nada que ver con eso. Entonces la pérdida de Coriún, de Daniel y de Bocha —y no quiero con esto utilizar la muerte de estos tres grandes para hablar de estas cosas que son tan dolorosas— son una pérdida irreparable, porque como decía Atahualpa del Cioppo, no va a venir ningún libro nuevo del Bocha del otro lado, no va a venir ningún disco nuevo de Daniel del otro lado, no va a venir ninguna obra conceptual contemporánea de Coriún ni va a estar su palabra cuando nos haga falta, y esas cosas no tienen sustituto.foto Macunaima 2

-Son hijos de una época determinada que daban referentes de una erudición y una densidad mayúsculas, son grandes árboles que dieron frutos como Leo Maslíah, Fernando Cabrera, Rubén Olivera y otros, más allá de que en todas las épocas emergen talentos.

-Hay una cierta contradicción, el otro día me lo hacía ver un compañero en la Junta Departamental. Él está de acuerdo con todo esto que dije hasta ahí, la diferencia es que él dice que este momento en Uruguay es paradójico: hay un florecimiento, por lo menos en la música popular —que es el terreno que yo más conozco—, una riqueza desde el punto de vista expresivo, propuestas, riesgos creativos… extraordinarios. Te podría nombrar diez artistas, hombres y mujeres de gran calidad, que están surgiendo a pesar de todo lo dicho; todo debería estar en favor de promover a esos artistas.

-La conjunción del peso poético y de la música: ¿el baladista sigue vigente?

-Totalmente. Cuando abonaste el terreno con autores como Washington Benavides, con músicos como Daniel Viglietti, Darnauchans, Dino, Cabrera —que ya no es tan joven—, Leo Maslíah… llega un momento que queda un patrón; te podrá gustar más, te podrá gustar menos… a mí me ha pasado, o sea, he tenido que escuchar dos, tres, cuatro, cinco veces a un artista para decir “bueno, al fin y al cabo, este tipo está tocando y componiendo desde su edad, con lo códigos…”. Hay una literatura de canción nueva que no puedo desatender porque yo tengo 66 años. Te digo Federico Lima de Socio, Diego Presa, por nombrarte alguno, Garo Arakelián, artistas de gran calidad desde el punto de vista literario pero que manejan otro enfoque, siempre partiendo de esos puntos de partida: Daniel Viglietti pesa sobre ellos, Benavides pesa sobre ellos, aunque no los hayan leído, porque puede ser que no hayan leído a Benavides pero escucharon una canción de Darnauchans, una canción de Galemire, una canción de alguien que musicalizaba a Benavides, y la cosa que Benavides logró en la canción popular también refrenda ese camino y pesa sobre vos.

-Parte del legado de Viglietti y Coriún es además el inmenso archivo que dejaron ambos, que de alguna manera hay que preservar. ¿Tenés alguna noticia de qué va a pasar con ambos?

-Yo estoy relativamente tranquilo, porque quien se ocupa de esto es la compañera de Daniel, que es una persona muy seria, y además está escoltada por personas como Rubén Olivera y Mauricio Ubal, quienes creo que van a hacer un trabajo de preservación muy importante.

-Coriún estaba muy preocupado respecto a que el archivo se preservara. Recordemos que además él estaba a cargo del archivo Ayestarán.

-Claro, es una responsabilidad doble, es el archivo de Coriún más los materiales que él estaba archivando, pero en este caso confío en los particulares que van a cuidar ese acervo.

– Pero el Estado también va tener que jugar algún papel.

-Depende, si esto lleva un cierto tiempo puede haber cambios, puede haber otras sensibilidades… No me cabe ninguna duda que de ocupar algún cargo ministerial quien tú ya sabes, Mercedes Vigil… ¿cómo podría una mujer que dice lo que dijo de Daniel garantizar dicha preservación. Fijate cómo descalifica sutilmente, dice: “Leí todo Tomás de Mattos, pero no me gustó cuando fue director de la Biblioteca Nacional”. ¿Qué tendrá que ver? Leíste a un narrador que Saramago dijo que era uno de los mejores de América latina y decís que no te gustó la gestión de la Biblioteca. ¿Cómo podés pensar que personas de ese tipo puedan tener la intención de preservar algo? Si no están los particulares y alguna fundación, la veo difícil.

foto Macunaima 4-Además de tu poesía, tenés una larga trayectoria en la radio; en este momento estás trabajando en Emisora del Sur.

-Estoy ahí gracias a Gerardo Caballero, que es el Director General de Contenidos desde 2006. En 2014 hubo una intentona de cortarme la cabeza —ahora lo puedo decir porque esa persona no va a estar más—, hubo una persona que durante seis años me injurió, me persiguió… estuve a punto de hacerle un juicio. Entonces fuimos a hablar con el viejo director de la radio, un compañero entrañable que ya falleció, Sergio Sacomani, que estaba muy mal de salud. Sacomani preguntó qué pasó. Le explique y agregué que se corría el rumor en los pasillos de que no me iban a renovar el contrato. Sergio me dijo “bueno, no te puedo decir que eso no es cierto, lo que te puedo decir es que yo soy el director y yo te considero una persona importante, y tú no te vas a ir de la radio; te voy a renovar el contrato”. Creo que eso fue un poco por la situación… no llevé la demanda a su lugar porque era un año muy especial y porque no tenía ganas de meterme en quilombos, ahora lo voy a decir con todas las letra: cuando a este señor lo sacaron de la Dirección de Contenidos entró Gerardo Caballero y lo primero que me dijo fue: “Nosotros —y hablo por el conjunto de los compañeros de la radio— te queremos mucho como persona, como profesional, queremos que estés todos los días en la radio”. Y estoy de noche, de lunes a viernes.

-¿Cuáles son los contenidos actuales, ahora que tenés más frecuencia?

-Lo mismo de siempre, no tengo colaborador porque tengo solamente una hora. Paso música popular uruguaya, música de la región. Mi relación con la música brasileña creció mucho, subjetivamente. Voy a hacer una presentación en Montevideo de un libro nuevo, también lo haré en Porto Alegre, con muchos compositores de mi generación y otros que fui conociendo en los últimos treinta años, gente que conocí de jovencito y que hoy tienen veinte discos editados, qué sé yo. Entonces, hago lo mismo de siempre, hablo de libros, de música, dialogo con el oyente, hago entrevistas, a veces va un editor de una revista de plástica que por ahí no tiene cabida en otros medios, o a veces va un actor o un director… estuvo Adérbal Junior, por nombrarte alguno; el viejo Bayer, traerlo al programa era un sueño que yo tenía —ahora está muy viejito y está muy mal— y escucharlo hablando sobre el tema del genocidio de los pueblos originarios, el famoso eje del mal, Jackson en Estados Unidos, Rivera en el sur y Roca en la Argentina… A veces al programa va un músico, a veces va un actor…

-¿Te parece que está cambiando la radio? ¿Cómo percibís en este momento la radio en general en tanto escenario?

-Hay gente que hace muy buena radio. Escucho mucho a Daina Rodríguez, “Efecto mariposa” es un gran programa, muy inteligente, con Alberto Gallo… no lo digo porque sea compañera mía. Hay gente que hace buena radio en la mañana… Me costó entender la visión, la estética, el humor de Darwin Desbocatti… es un genio, y el equipo que trabaja con él —Ricardo Leiva y Rosenberg— está muy bien, es una radio que escucho, un programa que escucho con mucha atención, me parece que es un tipo de radio interesante. Hay cambios en la radio pero en realidad no sé si son tan hondos. Podemos seguir con los cambios. Capaz que estoy hablando demás, con ligereza… Me alejé del teatro cuando empezaron a aparecer cosas debajo de la pollera, cuando empezó este teatro pasatista frívolo y tonto, yo sentía esto: el esparcimiento es necesario, pero poneme otra cosa en el menú, o sea, yo no voy a estar todo el tiempo pidiendo a la gente que vea Kantor, Brecht, Boris Vian, Beckett, teatro del absurdo, teatro de la crueldad… no; la gente también quiere ver ciertas cosas ligeras, pero no puede ser el plato único. Después no te sorprendas: 140 estudiantes de cuarto año de la FIC nunca pisaron el teatro. ¿Cómo nunca pisaron el teatro? “Fui cuando era niño”, “fui cuando estaba en el liceo, pero no me acuerdo ni cómo es el teatro”, “al teatro voy a ver música” son los testimonios posibles en el mejor de los casos.

-Conocen el Solís por la música…

-Claro, pero no van a ver teatro. Es más, es mucho más factible que esos muchachos vayan a ver una pieza de ballet que de teatro, porque Bocca generó una corriente a favor del ballet, muy hábilmente comunicado y, por supuesto, con una gran calidad en la producción de los espectáculos. Lo escuché hablar y vos decís una figura mundial como Bocca que te dice “mire —le hablaba a la gente de Cerro Largo—, usted dice que no va a ver ballet porque no tiene ropa adecuada, ¿cuál es la ropa para ver ballet? Yo no la conozco. Venga como está, de alpargatas, de championes, de zapatos, ¿quiere venir de traje? Venga de traje. ¿Quiere venir de camiseta? Venga —mire que refresca—. Usted me dice que no va al ballet porque es caro, sabe cuánto vale el ballet, igual que una entrada de cine en Cerro Largo; y usted dice que no va al ballet porque nunca fue al ballet… Bueno, ésta es la primera vez, no se va a morir sin ir a ver el ballet”. ¿Sabés cuánta gente fue? Dos mil personas… Sí, podés decir “bueno, ¡pero era Bocca!”. Entonces, ¿por qué el teatro no puede conseguir eso? Capaz que porque necesita algún impulso adicional de fuera del teatro que lo promueva más. Yo veo que promueven con mucho esfuerzo, con mucha intensidad, espectáculos —algunos de mucha calidad— de elencos internacionales; no veo el mismo esfuerzo puesto para divulgar las obras nacionales. Es lo que veo de afuera como espectador.

-Hablando de ese tema, recientemente se aprobó una ley por la cual tiene que haber una cuota del 30% de música nacional, lo cual despertó ciertas polémicas: por un lado, por parte de quienes están en contra de toda reglamentación; por otro lado, de quienes sostienen que las nuevas formas de comunicación en el ciberespacio vuelven caducas este tipo de medidas. ¿Cuál es tu opinión sobre el tema?

-Estoy en el medio de esas posiciones. Es como el tema de la cuota política… la cuota de mujeres, por ejemplo, es algo un tanto arbitrario porque debería darse un proceso más natural de selección, pero si te quedás esperando que aparezca un espacio para las mujeres, no va a suceder nunca. Creo que el porcentaje establecido para difusión de música nacional, que es mínimo, es un piso por lo menos ante los medios más tradicionales (comilla a lo de tradicional) de AM y FM, las grandes radios que nunca pasan nada de música uruguaya… En Puerto Madryn y conocí a un gran compositor y músico de dicha localidad en Chubut, Luciano Palacios, y el tipo es fanático de la música uruguaya, de los maestros uruguayos como Abel Carlevaro, de Viglietti, de Alfredo, de la Vela Puerca… Me decía: “¡Qué riqueza tienen los uruguayos! ¡Qué maravilla! Tienen un espectro musical tan amplio… Me gusta Uruguay, quiero ir a conocer Uruguay”. El tipo no salió de Chubut, ¿entendés? Vive en Chubut, de Villa Regina se fue a Madryn, toda su vida vivió en el sur, entonces inicia la aventura con sus dos hijitas y su mujer: primero a Buenos Aires en auto, 18 horas de viaje —Buenos Aires ya es una aventura en sí misma—, cruzan el río, llegan a Colonia, y festeja “¡estamos en Uruguay!”. Prende la radio y empieza a buscar esas maravillas que él escucha desde allá porque sintoniza las radios —Radiodifusora Nacional del Uruguay— en las que siempre hay música uruguaya, y entonces se asombra: ¡Pará! ¿Dónde está Rada? ¿Dónde está Jaime Roos?” No aparecen, están las mismas porquerías que están en todos lados, porque todo el tiempo van a ponerte las tonterías cantadas que hay, que son las que están pegando hoy. Entonces, un 30 % por lo menos me asegura que tendrán que romperse un poquito las bolas ¿no? Van a tener que hacer una planilla: “A ver este mes ¿cuánto pusiste?” Porque eso es diariamente, el 30% es diario… bueno, 30 % también al final de mes, pero te obliga a un control y vas a ver quiénes son los que más reaccionan contra eso.

-No podemos dejar de hablar de poesía, desde tus primeros libros.

-El primero es “Derrumbado nocturno y desván”.

-Y después tenemos “Los caballos perdidos” y el “Pasajero de las sombras”…

-“Fantasmas en la máquina” y, después, “La bufanda del aviador”, que creo que es un libro más logrado, del año 2008.

-De alguna manera las raíces presentes tienen que ver con esto que estuvimos hablando: la relación poesía-música, las influencias provienen en parte de la poesía beatnick, con toda esa tradición; también el tropicalismo que estaba desarrollándose con mucha potencia —Chico Buarque, Caetano Veloso— y también la poesía latinoamericana en su veta social, que en ese momento tenía también una fuerza muy importante en la medida que el continente estaba tomado por las dictaduras. Me interesa hablar de esos libros referenciales para ubicar el inicio de tu evolución.

-Te diría que esas grandes líneas se mantienen. El poeta sigue preocupado por su tiempo… nunca estuve afiliado a una poesía urgente, también necesaria, movilizadora, política; sigue siendo política pero no tan expresamente política como la que escribíamos en los años setenta: sigue habiendo inequidades, injusticias, las fuentes de inspiración siguen siendo las mismas… La música sigue siendo un elemento disparador, sigo teniendo relación con la música como autor de canciones. La poesía uruguaya en todo caso me llevó, en esta última etapa, a una reconciliación —aunque nunca estuvimos peleados, simplemente es la ley de los opuestos—. Algunos poetas que para mí son centrales, como Gustavo Wojciechowski “Macachín”, con quien hemos andado sin ninguna dificultad los últimos treinta años juntos… no estamos juntos todo el día, pero cada vez que es necesario, para él o para mí, estamos juntos. Cuando él hace un libro con diseñadores mexicanos enseguida me llama; cuando yo edito un libro lo llamo enseguida. Eché vínculos con poetas como Luis Pereira —el más negro de todos—, Elder Silva… esas cosas en relación al primer libro que tú conociste bien, “Derrumado nocturno y desván”, permanecen. Y permanece también el camino. Dice Lawrence Ferlinghetti: “Un poeta resiste hasta lo último”. Un buen poeta resiste hasta lo último; él tiene 98 años, tiene glaucoma en un ojo, le tienen que leer porque tiene dificultad, tiene que dictar las cosas que escribe por mail, pero me dijo: “No te preocupes, tengo una persona que me lee y lee también en español, yo leo en español pero ya no puedo porque tengo un ojo desviado”. Entonces, con 98 años, Ferlinghetti; con 101 o 102 años, Nicanor Parra, está lúcido; bueno, Bocha Benavides…Siempre pienso en esto: había una publicidad cuando era niño… era un auto que chocaba: “¡Pah! Se rompió todo, se rompió todo, querido… pero el cromado quedó intacto porque es de tintorería X”. Bueno, Benavides tenía la carrocería complicada, pero el motor era un motor de primera categoría, porque él seguía… de hecho, estando en el hospital, en el sanatorio internado en cuidados intermedios, estaba corrigiendo los originales del libro nuevo que publicó Banda, hace nada. Yo creo que un poeta tiene que seguir resistiendo y, dentro de lo posible, como no traicioné a nadie, no traicioné nada, no me traicioné a mí mismo, sigo batallando, en el mismo camino, enamorado de la poesía beatnick, enamorado de la buena música, enamorado del buen teatro: cuando uno va a ver una buena obra de teatro no sale igual, cuando uno escucha una canción de calidad no se queda igual, cuando lee un buen libro no se queda igual; uno se transforma. Entonces, el mismo de siempre, en el mismo lugar, solo que con algunos chiches nuevos como la computadora, que te permite hacer cosas, por ejemplo, trabajar de una manera. Vos podés escribir en el papel… yo escribo en el papel, pero como a veces no me entiendo la letra lo que hago es escribir, entonces dejo una cosa ahí, vuelvo, la vuelvo a escribir, la vuelvo a leer… además entreno mucho. Una vez mi mujer me regaló un libro de Stephen King que son unos consejos para escritores que dice que vos tenés que escribir 1200 líneas por día; entreno como los jugadores de fútbol…

-Vargas Llosa dice algo similar. Picasso recomendaba que la inspiración te agarre trabajando.

-Claro, ¿cómo haces para escribir 1200 líneas? ¡Qué vivo!, Ese loco es un monstruo, viste… escribe un guion para la televisión, entonces el tipo dice: “En la página 323 te dije que escribieras 1200 líneas por día, ¿Vos pensás que esto es un desafío demasiado grande? Pensá, mirá… le escribís una carta a tus hijos, una carta a tu esposa, una carta a tus amigos, una carta a no sé qué, y después escribí alguna cosa más, sumás y tenés las 1200”. Entonces hago eso, escribo en el Facebook cosas que pienso, pienso en voz alta… algunos me tiran pedradas, ¡qué voy a hacer…!

– Para redondear, tu próximo libro…

-Es la invitación de Lawrence Ferlinghetti, que nos inivita a ir…

– Hablanos de Lawrence Ferlinghetti para la gente que no lo conoce.

-Lawrence Ferlinghetti es el editor de todos los poetas beatnick: de Allen Ginsberg, de Gregory Corso, de Jack Kerouack… es poeta él, uno de las mayores voces poéticas de la generación beatnick, esto es de 1955… hasta hoy… no, solo Lawrence Ferlinghetti vive, tiene 98 años, está vivo y bien y lo vio a Elbio Rodríguez Balirali en Chicago y nos invitó… de verdad que pensamos ir, pero no fuimos.

– Los invitó, ¿a quiénes?

-A Luis Pereira, Elder Silva, Víctor Cunha, a mí, más Elbio Rodríguez Barilari, que pone la casa y la camioneta para ir desde Chicago hasta San Francisco. El libro habla de eso. Estudié mucho tiempo todas las cuestiones de la carretera 66, cómo hacés para llegar en el tiempo que te tome, el tiempo que te tome significa ir parando, viendo cosas, y tal. Entonces arrancamos en Chicago y vamos recorriendo la carretera y van apareciendo cosas.foto Macunaima 6

-Aclaremos —porque lo contaste al principio— que nunca fueron porque Elder Silva se enfermó.

-Un ACV y, además, porque había otros problemas particulares. Entonces viajamos así en la ficción. La carretera es un escenario, en realidad es un pretexto para escribir sobre ciertas cosas que me preocupan, ahí está la política, está la revisión de conductas del pasado, de nuestra juventud, los reclamos de nuestra juventud, la madurez, la vida, la muerte, los que están vivos, los que no están, aparece mi padre, aparece Levrero… es muy loco. A Levrero; lo encontramos en un boliche del camino, entonces Luis Pereira dice —se queda blanco, el negro se queda blanco—: “Hay un tipo en el fondo que parece Levrero”, y vamos y vemos que efectivamente es él, y nos dice que él está ahí hace… que entró por una puerta de la ciudad, entró por una puerta y apareció en ese boliche, y no sabe qué está haciendo ahí, y lo único que pasa es que la caja de cigarrillos nunca se termina, él prende un cigarro tras otro y por supuesto que los va marcando, ¿no? —una costumbre que tenía Levrero—, y dice “los cigarros no se terminan, yo no tengo problema, igual yo los marco para no cometer excesos”, y tenemos el encuentro de Levrero…

-A principios de los ochenta ya difundías a Levrero en la radio…

-Sí, es verdad… hablo sobre una venganza amorosa con Levrero, que me pasó cuando él escribía en la revista de Jaime Poniachik, Humor y Juegos. Yo trabajaba en una agencia de publicidad, me mandaban a Buenos Aires muy seguido. Un día me quedé con seis horas al santo botón en Buenos Aires y no encontraba a nadie, entonces me acordé que tenía un teléfono que me había dado Jorge Varlotta (Levrero) y dije “lo voy a llamar a Humor y Juegos”. Lo llamé y me dijo “bueno, si querés venir, vení”. Voy a Humor y Juegos, me encuentro con Levrero: “¿Querés tomar un café abajo”, “Bueno”. Pero lo veo como a regañadientes, como molesto. Busca en un cajón de su escritorio y hay un libro, la “París”, que ya ha sido reeditado, y me lo dedica. Pero veo que en el bar sigue molesto, entonces dije “este loco no me banca, quiere que me vaya”. Me voy, pasa el tiempo y un día me encuentro con Jaime Poniachik y le digo: “¡Che, qué mal Levrero! Fui a verlo, atravesé toda la cuidad y…”, le cuento. Jaime me dice: “No, no, entendiste todo mal, él estaba muy emocionado que lo hayas ido a ver, no sabía qué hacer, no sabía cómo demostrarte que estaba conmovido por la visita, todo lo contrario, no, estás loco…”. Entonces, en el cuento del libro hay una situación en que él me explica eso.

– El lanzamiento del libro es…

-El 1° de diciembre. Hay 20 muñecos, están todos.