Libros: Gral Urquiza, entre Mariano Moreno y Dámaso Antonio Larrañaga

Por Rodolfo Santullo

foto tapa libro Santullo“Urquiza” es una antología de relatos entrecruzados donde se construye tanto un espacio geográfico como un universo propio, el universo de la escritora Carolina Bello

A la usanza de aquellos libros de John Steinbeck como “El valle largo” tenemos en “Urquiza” la elaboración de un universo conformado tanto por un espacio geográfico determinado y preciso -el que ocupan, casi siempre, las ocho o nueve manzanas delimitadas por Mariano Moreno, 8 de Octubre, Larrañaga y Juan Ramón Gómez, cuyo epicentro será la calle que da título al volumen, tal cual lo marca el tan útil como simpático mapa realizado por Richard Ortiz que inaugura las páginas- como por un elenco de personajes que se reitera -esencialmente, una media docena de familias- a lo largo de los once relatos que conforman el libro. Así, lugares y personajes irán rotando su importancia, y aquellos que son protagonistas en un relato ocuparán el asiento de acompañante en otros; anécdotas que son el cuerpo principal de algunas historias se reiterarán -y en ocasiones tendremos nuevas perspectivas, nuevas miradas a lo ya sabido- en otras casi que tangencialmente. Todo esto construido a modo de mosaico o caleidoscopio, creando con talento y maestría un espacio propio. Un lugar en la memoria colectiva de un barrio y un tiempo -alrededor de 1959, aunque en ocasiones el marco temporal varía- que se nos presenta con la fuerza de lo vivido.

Aunque esto anterior es imposible, ya que la autora del libro -Carolina Bello- es nacida en 1983. Acaso la dedicatoria -“A mi padre, que me contó”- nos da una pista del origen de estos relatos que terminan por construir un mundo colectivo generado a partir de anécdotas que suenan a orales, a historias de esquina sobre tal o cual vecino, a momentos de gran importancia en la vida de un barrio -la muerte de alguien, un robo, el escándalo a raíz de una infidelidad, el ganar el Gordo de Fin de Año- todos ellos balanceándose cuidadosamente dentro del retrato constumbrista que no desprecia la anécdota policial -“La casa al hombro”- la emoción llana y simple -“Como la peste”, “La grande”, “La niña lagrimita”- o el humor -“Con mil millones de pesos”.

El gran mérito de Bello en estas páginas -breves, apenas más de cien- es elaborar de manera soberbia este hábitat donde permite a sus personajes vivir, latir y sentir de manera por completo verosímil, transmitiendo así la sensación de que uno es de pronto un voyeur que, dejando de lado tiempo y espacio, adquiere la posibilidad de espíar a estas muchas personas en determinados momentos de su vida.

De entre todas las familias quienes asumen más un marcado protagonismo son los Manaquer -el padre Francesco, la madre Nola, los hijos Lorenzo, Adalid y Quique (este último el casi posible protagonista del libro) y el tío Antonio, protagonista de uno de los mejores cuentos del volumen: “Lo que un lirio”. Es con ellos que iremos entendiendo el paso del tiempo y -con ciertos paralelismo a “Mi planta de naranja lima” de José Mauro de Vasconcelos- con los que tendremos una radiografía más profunda en su relación de familia, en lo humano y lo personal.

Por este volumen de relatos con alma de novela Bello recibió el Premio Gutemberg -de narrativa joven, pensado para menores de 35 años, organizado por la Unión Europea y la editorial Fin de Siglo- en 2016. En su fallo, el jurado -integrado por Jaime Clara, Débora Quiring y Edmundo Canalda- decía “Urquiza traza marcas y referencias de una vida de barrio que se ha ido desdibujando (…) funda un universo a partir de esas historias mínimas de su encuentro con la realidad, esa promesa fallida o absurda que se vuelve, inevitablemente, la vida de todos”.

Imposible decirlo mejor.