Ponto de partida

Regina Bertola: “Contando la historia de El Galpón, estamos homenajeando a todos los artistas”

Por Luis Vidal Giorgi

foto ponto de partida reginaPonto de Partida es un grupo de teatro con centro cultural artístico que, desde la ciudad de Barbacena en Minas Gerais, se ha transformado en una referencia de proyección internacional. Además de su múltiple actividad transformadora y generadora de ciudadanía, sus espectáculos parten de una investigación previa y en esta ocasión han elegido la historia del teatro El Galpón y su exilio como tema. Con este motivo se encuentran en nuestro país. Conversamos con Regina Bertola y Pablo Bertola sobre este proyecto que crea un puente entre artistas latinoamericanos.

-Empezaron a trabajar como grupo en 1980. ¿ Cómo fue cambiando su estilo de trabajo en este tiempo transcurrido?

-Nosotros comenzamos como un movimiento cultural más que como un grupo de teatro, porque vivimos en una ciudad pequeña, Barbacena; que queda muy bien localizada entre Belo Horizonte, Río y San Pablo. Sin embargo todo sucedía en el entorno pero nada en nuestra ciudad, entonces nos planteamos: ¿vamos a pasar la vida entera reclamando o hacemos que la situación cambie y suceda lo que queremos, que es tener una vida cultural? Empezamos a realizar espectáculos de teatro, música, grandes shows, conferencias con escritores e intelectuales importantes del país.Trabajamos un tiempo así y después nos inventamos un grupo de teatro.

El grupo tiene dos objetivos fundamentales: uno, que trabamos con la cultura brasileña, nos proponemos investigar su ser desde el punto de vista de su ser mestizo. Dos, que la gente no saliera de nuestra ciudad, la obra circularía pero el grupo se mantendría en nuestra ciudad. Entonces, para mantenerse, era necesario crear un grupo profesional y allí se originó esa metodología de Ponto de Partida, en la que todos los integrantes se dividen y comparten las tareas, como actores, músicos, directores, pero también como productores, administradores. Nadie en el grupo es sólo actor, todos hacen otra función. Y hasta hoy trabajamos así, sólo que hemos crecido.

-¿ En su trabajo creativo ocupa la música un lugar fundamental?

-Era nuestra decisión trabajar con cultura brasileña, queremos hacer un teatro que hable con nuestra lengua, no queremos teatro traducido, queremos la gente brasileña en el papel principal. Entonces, tal vez la música sea el hilo que costura, que une nuestra diversidad. En un país que es un continente, uno canta una música en Manaos o Rio Grande do Sul y todos cantan. Tenemos una preparación para eso, investigando en cada región, con músicas tradicionales e incorporando musicas contemporáneas. Acabamos por ser un grupo preparado para danzar y cantar. Tiene mucha presencia la música en nuestros espectáculos, con un lenguaje brasileño.

Tenemos también una escuela de música, llamada Universidad de Música Popular, a la cual vienen estudiantes de todo Brasil y de otros paises de Latinoamérica.

-¿Tienen una sala propia ?

Tenemos un espacio propio, con varias casas que eran una fábrica de seda, la primera de Brasil; es de la época de la inmigración italiana en Minas Gerais. Luego fue abandonada y el grupo la fue rescatando y restaurando. Tiene un lugar de encuentro Casa do Ponto, donde se ensaya, se recibe a visitantes; en otro espacio está la Universidad de Música Popular; tenemos una Biblioteca de Troca donde se lleva un libro a cambio de otro, una  cafetería y restaurante. Contamos con un amplio terreno donde construimos un gran jardín con ayuda de paisajistas y jardineros, donde también presentamos espectáculos y exposiciones de artes visuales.

-¿Participa mucha gente?

-Realizamos un trabajo con una gran vocación de servicio a la comunidad, somos un poco milagro en una ciudad pequeña, con una proyección internacional pero sin salir de la ciudad. Si uno quiere cambiar la vida cultural debe cambiar primero cada uno para mejorar ese problema; no se debe dejar el problema para tercerizarlo, debe uno participar como ciudadano. En la transformación del jardín participaron más de cien personas. Todas nuestras campañas involucran a la comunidad. Nuestra cafetería fue montada con objetos brindados por las familias, es una especie de museo vivo de los objetos pues las tazas de porcelana o los platos, los muebles, son de los abuelos de cada familia, por ejemplo.

Así las personas toman para sí la responsabilidad de construir la vida cultural de una ciudad.

-¿Cuantos habitamtes tiene su ciudad?

-Son 120 mil habitantes.

-¿Cómo surgió la idea de realizar este proyecto sobre El Galpón?

-Para respoder empezaré narrando la metodología de nuestro grupo. Siempre estamos definiendo acerca sobre qué tema nos interesará hablar. El año pasado nos comenzó a incomodar el punto de los refugiados, no por ser una cuestión nueva, es algo muy antiguo, siempre hubo migraciones por causas políticas o por cuestiones económicas, grandes hambrunas, grandes guerras. Pero hoy en el mundo vivimos la intransigencia, la incapacidad de lidiar con la diferencia, el miedo de convivir, la cuestión de delimitar mucho las fronteras.

El mundo tiene un límite, por lo tanto es derecho de todo ser humano estar en cualquier parte del mundo, porque el planeta es de todos los humanos, las fronteras vinieron después. Nos empezó a preocupar la incapacidad de ejercer la hospitalidad, de recibir a quien precisa, al diferente.

Así comenzamos la investigación con los exiliados, el tema se fue abriendo mucho pues hay demasiada información. Entonces recordamos a María Azambuya, actriz de El Galpón con quien habíamos conversado. Su historia y la de El Galpón en el exilio fue una historia que siempre nos conmovió mucho: la historia de un grupo de teatro que fue obligado a exiliarse y algunos fueron presos o se quedaron resistiendo, pero pudieron mantenerse como grupo haciendo teatro.

Y resolvimos, luego de hablar con ellos, contar esta historia, ver esa historia y discutir sobre el miedo, el coraje, sobre la construcción de un lugar fuera de un país, y el retornar luego a un edificio que era su teatro… y sobre ese pedazo de vida que el exilio te roba, pues uno vuelve siempre otro.”

-Uno puede tratar de volver a buscar la juventud que ya pasó.

-Vuelve cambiado y tiene que reconstruir sus experiencias. Todas esas cuestiones nos interesan pues son grandes cuestiones humanas.

La separación que hubo del grupo, en la que algunos quedaron aquí… se precisa amor y tolerancia para primero separar y luego volver a reunir, y construir un nuevo grupo.

Esa cuestión de ser muy bien recibidos en México y adaptarse, pero nunca dejar de ser uruguayos; y luchar y hablar por la vuelta a la democracia en cada presentación que hicieron… Hay mucho material, da para tres espectáculos.

-Sumando las historias personales que se mezclan con la del grupo.

Esa mezcla nos interesa. Hemos investigado con los intergantes que se fueron, con los que se quedaron, con los familiares, con los hijos que nacieron en el exilio y luego volvieron. Son varias: por ejemplo Marina Rodriguez, que estuvo exiliada por otros motivos y luego se integró a El Galpón en México; los que se fueron para Argentina y luego terminaron en México. Son varias formas de llegar y después todo el mundo volvió aquí, lo que es muy bueno.

-En este momento en Brasil, con el cambio de gobierno, la actividad que realizan, como creadores y dinamizadores culturales, tiene una coyuntura poco favorable. ¿Cómo se plantean este asunto?

-Es un momento muy difícil. Se desmantelaron las estructuras culturales. Tal vez se tiene miedo a la fuerza del arte.

Valoramos que este proyecto era un tributo a los artistas que colocan su arte a favor de la humanidad, siempre a favor del ser humano, recordando que somos una única especie. En ese lugar nos podemos entender, sin cuestiones de género, de ideología, de idioma, en algún lugar somos uno. Los artistas tienen esa fuerza que nos muestra que el arte no tiene fronteras, es un territorio de todos. Contando la historia de El Galpón estamos homenajeando a todos los artistas.