El Galpón: Entrevista a Gerardo Begérez.

 

foto-Gerardo-Begerez-2“Nerium Park es un thriller psicológico con componentes sociales”

Por  Luis Vidal Giorgi

Gerardo Begérez es un infatigable creador en busca de autores contemporáneos. A sus espectáculos que se mantienen en cartel “Cocinando con Elisa” y “Mi hijo sólo camina un poco más lento” suma ahora, siempre en El Galpón, a un autor catalán recientemente estrenado también en la Comedia Nacional: Josepf Miró.

-Este próximo estreno es de un autor catalán contemporáneo, Josepf Miró, quien estuvo residiendo en Montevideo y dando cursos de dramaturgia. La Comedia Nacional viene de estrenar su obra “Travesía”. ¿Cómo llegás a este autor y qué  podemos decirnos de su personalidad creativa?

-Siempre tengo puesto mi interés y mi curiosidad en ambas orillas, la más cercana, Buenos Aires, y la más lejana, Europa. Varios colegas me habían hablado muy bien de la dramaturgia de Josep María Miró y hace un par de años, y nos vimos cuando estuvo de visita en Uruguay, luego un par de veces en Barcelona, hasta que la idea cobró forma. “Nerium Park” reúne todas las condiciones que un texto debe tener para fascinar e inspirar a un director. Su estructura dramática requiere que uno deba pensar mucho en todas las posibilidades, explorar todos los caminos antes de realizar el montaje. Josep es un autor muy perspicaz y moderno, que nos plantea un estilo de escritura bastante innovador pero manteniendo lo esencial del teatro, sin esnobismos superfluos. Sus textos son inquietantes, ambiguos, cubistas, apelan a la inteligencia y la reflexión posterior del espectador, utilizando los recursos dramáticos con gran efectividad y maestría. La incursión de Josep en nuestra cartelera teatral uruguaya ha sido muy fértil. El trabajo logrado por Denevi en  “La Travesía” fue de gran pericia, consiguiendo una composición de Roxana Blanco con un nivel de verdad y compromiso pocas veces visto en nuestro teatro. Tras ese hermoso montaje, nos toca a nosotros explorar en el mundo de este prolífero e intenso dramaturgo catalán porque, como él me lo ha dicho, “ante todo, yo soy un catalán”. Hay en este texto una fuerza en ascenso, varios misterios a develar, un sinfín de sorpresas, de extrañezas y de ambigüedades. Nada es lo que parece, ni los personajes, ni el estilo. Todo es muy atrapante y apelamos a cautivar y envolver a los espectadores en una obra que concentra varios estilos en uno mismo. Si bien podría ser atemporal, decidí trasladarla al Uruguay de 2002, un país que se arruinaba lentamente, que se caía a pedazos, del que aun hoy nos quedan secuela. Esta decisión creo que potenciará varios mecanismos, activará muchos resortes y posibilitará que varios temas repercutan con mayor vigor en la platea. Siempre me obsesiona la limpieza y el refinamiento de las acciones físicas, el manejo del tiempo escénico, la creación de un estilo de actuación propio de cada obra; y en esta puesta en escena puse todas mis obsesiones sobre la mesa desde el primer día. Los actores trabajan desde el riesgo, sus personajes caminan por la cornisa y están al borde. Son seres poliédricos e impredecibles que están activados para detonar. “Nerium Park” es un thriller psicológico con componentes sociales. Los vínculos se deterioran con el paso de los meses, los personajes dejan de reconocerse, se aíslan y el idilio se va diluyendo. El desempleo; los expulsados del sistema; el atravesar una de las situaciones más dolorosas que puede haber: que no te necesiten, que la vida siga sin vos, que lo que tenías para aportar ya no importa pese a tu juventud, y la soledad que genera el rechazo y la degradación son algunos de los planteos que surgen. Los personajes pelearán por mantenerse aferrados al amor, pero el misterio se instala en la casa y la presencia de un tercer personaje los acecha, hace añicos su plan de vida perfecta, en un barrio perfecto. Con un clima de agobio creciente, los personajes empiezan a necesitar aire para respirar.

Esta obra nos muestra dos caras de la crisis y el sistema de la mano de una pareja que representa dos formas de situarse ante la vida y con la que podés sentir o no empatía.

-¿Qué fue lo que te atrajo específicamente de esta obra ? ¿Refleja también un mal de nuestro tiempo, la soledad en la muchedumbre, por más tecnología que nos rodee?

-Sin dudas me atrajo la posibilidad de trabajar sobre un género complejo, que dejará mudo a los espectadores, aferrados a las butacas con desconfianza y cierta perturbación. No es muy común trabajar este estilo en nuestro teatro, quizá por las dificultades que presenta. Uno debe rodearse de actores con un excelente manejo de sus recursos expresivos, que sepan dosificar la energía y puedan ir y venir a zonas de gran oscuridad. Es un teatro intenso, de sangre, que debe ser representado con actores que sepan oscilar entre la luz y la oscuridad, y que posean una inusitada fuerza dramática. Son personajes que se aman, se necesitan, que intentan escabullirse de la soledad aferrándose a lo superfluo, luchando por mantenerse de un solo lado del sistema; un sistema que expulsa sin miramientos. Ellos aspirarán a mantenerse en pie, aprisionados en un amor que se esfuma con el pasar de los meses, lentamente se desangran, se envenenan. Durante un año combatirán con sus propios fantasmas y con ellos mismos.

-Volvés a trabajar con Soledad Frugone, compañera de generación, que viene realizando un proceso ascendente en su labor artística y que estuvo en la primera obra que dirigiste. ¿Cómo ves la evolución creativa de ambos y de tu generación 2004?

-Soledad es una actriz que admiro. Es la cuarta vez que la dirijo y siempre me sorprende. Me cautivan los actores apasionados, que respetan la profesión y que se mueven en ella comprometiendo todo. Ambos fuimos madurando juntos en este hermoso y enmarañado mundo del teatro. Somos, ante todo, grandes amigos y compinches, y eso facilita mucho las cosas. Muchas veces me sobran las palabras porque estamos en sintonía, entendemos el teatro de manera similar y nuestras búsquedas expresivas, en general, apuntan hacia un mismo lugar. En este proceso dirigí a Soledad construyendo en su cuerpo un ser al límite, con muchas aristas, impredecible, con una agresiva verdad escénica y una fuerza acelerada. La escena la comparte con Gustavo Saffores, un actor de sangre, que revoluciona cada escena transitando por muchísimos estados emocionales en aparente desconexión, va sorprendiendo paulatinamente y el resultado del viaje que realiza por toda la obra generará un sinfín de emociones en la platea. Fue formidable verlos trabajar juntos.

-¿Tenés otros proyectos respecto a los que quieras adelantarnos información?

-Tengo previsto tres montajes en el segundo semestre: “Ocho mujeres”, de Robert Thomas, una producción de Teatro Circular; “El viento en un violín” de Claudio Tolcachir en Teatro del Notariado y “Decadencia” de Steven Berkoff con Jorge Bolani y Mariana Lobo en Sala Cero de El Galpón.