Berto Fontana

Una vida de pasión y generosidad en el teatro independiente.

Roberto Fontana, actor , locutor, director, docente uruguayo, fundador del Teatro El Galpón Fotografiado en su domicilio, el  12 de junio de 2006 Montevideo - Uruguay

Roberto Fontana, actor , locutor, director, docente uruguayo, fundador del Teatro El Galpón
Fotografiado en su domicilio, el
12 de junio de 2006
Montevideo – Uruguay

Con Roberto “Berto” Fontana (1925-2017) se va uno de los últimos grandes maestros del teatro uruguayo quien, además de sus dotes artísticos en el escenario, contagió en la docencia su inclaudicable vocación signada por la ética basada en un Teatro de Arte.

                                                      Por Luis Vidal Giorgi

Si bien sus inicios estuvieron en la Escuela de Arte Dramático del Sodre, desde siempre estuvo vinculado al Movimiento de Teatro Independiente, participando en todos los grupos y, especialmente en su primera etapa, en el desaparecido Club de Teatro, grupo que supo establecer una línea estética de rigurosa solvencia.

Reconocía entre algunos de sus maestros al español exiliado en nuestro país, Pepe Struch, a Irma Abirad, a Inge Bayerthal -alemana también llegada a Uruguay luego de la II Guerra y maestra del movimiento- y a Atahualpa del Cioppo, que como Berto escribe “marcó el camino” para el Teatro Independiente.

Recordaba Berto en una entrevista: “Los que hicimos el teatro independiente fuimos los que queríamos hacer teatro porque necesitábamos espacios para expresarnos y teníamos toda esa gente y los libros que nos iban llegando, leíamos Stanislavsky, discutíamos sobre Artaud, siempre encontrábamos alguien que hacía eco y daba forma; construyendo las salas fue que creamos el teatro independiente, y las hicimos nosotros, porque no nos ayudaba nadie”.

Luego de su alejamiento en el año 1965 de Club de Teatro, supo trabajar con casi todos los grupos estables y esporádicos, se destacó en teatro El Galpón, en el Circular, y también en La Gaviota, fundado en plena dictadura. Fue justamente en ese período oscuro que Berto descolló con uno de sus papeles más impactantes, interpretando el Galileo Galilei de Bertolt Brecht, defendiendo la búsqueda de la verdad ante la represión de los poderosos.

También, en una muestra de solidaridad, estuvo en el papel protagónico de la versión de “El Gorro de cascabeles” de Pirandello, que fue la última obra que tenía en cartel El Galpón cuando fue clausurado por la dictadura y varios de sus integrantes estaban ya proscriptos.

En esos momentos del tiempo del desprecio se puso al hombro la tarea de continuar formando las generaciones que preservaran el legado del teatro independiente. Por un lado, enseguida del cierre de El Galpón, cuando los alumnos de la escuela de esa institución quedaron sin local ni apoyo, continuó dándoles clases y reuniéndolos hasta que fueron integrados a la escuela de Teatro Circular. Luego, con su entrañable amiga y también maestra de generaciones, Nelly Goitiño, fundó una escuela amparada en el Instituto Italiano de Cultura.

Paralelo al arte escénico, Berto Fontana, dueño de una voz privilegiada, se especializó en la educación y el entrenamiento de la voz, primero realizando un curso en Londres con el maestro Roy Hart y luego desarrollando su propia metodología, basada entre otros aspectos en la respiración y en los resonadores del cuerpo, que compartió en distintas escuelas teatrales y reunió en un libro publicado.

También en lo referido a libros fue -para bien de la buena historia del teatro uruguayo- uno de los pocos que se decidió a escribir el testimonio sobre su actividad en el teatro independiente, texto publicado por Arca en el año 1988 y titulado “Memoria en dos actos”. En ese libro rubricaba lo que señaló en un reportaje que le hicieron jóvenes estudiantes de teatro en el año 2012; decía Berto: “Lo mejor que le puede pasar en la vida a un ser humano es tener una línea de trabajo creativa clara en sí mismo, es un premio, yo me considero un privilegiado”. De esa manera también estaba haciendo docencia, oconstituyendo una guía para aquellos jóvenes.

Para finalizar esta despedida valgan las propias palabras de su obra testimonial en las cuales se define: “Yo, nieto de inmigrantes italianos, hijo de obreros, con una clarísima vocación teatral (que al parecer no tiene antecedente familiar), en un país joven y sin tradición cultural, llevo adelante un movimiento de teatro de acuerdo a las tradiciones europeas que predominan en el mundo de Occidente, del cual forma parte mi país, y me nutro de corrientes orientales para dar base sólida a la ética y a la moral cristiana que definen mis características de individuo… Cristiano y socialista, porque creo en el ‘amáos los unos a los otros’ de Jesús de Nazareth.”

En su arte, en su docencia, en su bonhomía, compartió siempre ese evangelio de la buena palabra que seguirá resonando en nosotros.