Entrevista a Sergio Luján

 

“Se trata de realizar un acontecimiento performativo que encuentre a lo musical y lo escénico”

Por Luis Vidal Giorgi

lujanSergio Luján es un director argentino radicado en nuestro país que ha realizado distintos espectáculos en ámbitos no tradicionales. Desde ese estilo no convencional y performativo es que ahora afronta la dirección de la ópera “El Cónsul” en el Teatro Solís.

Has realizado espectáculos teatrales en espacios no convencionales y presentado textos con temáticas trascendentes. A modo de presentación, dinos cuál ha sido tu formación y trayectoria teatral y cómo se da tu acercamiento a la ópera.

-Mi formación fue en Buenos Aires, de donde soy oriundo. Y de distintos talleres, ya que nunca me sentí cómodo con la formación encerrada bajo un solo punto de vista, que determina artistas de sello, de marca, según la institución. Así estuve con Alejandra Boero, con Ricardo Bartís, con Paco Giménez, en actuación. En dramaturgia me gusta mencionar a Marco Antonio de la Parra, el gran dramaturgo chileno; y en dirección a Emilio García Wehbi, entre otros. Mi acercamiento a la ópera se da, justamente, desde el lugar de disidencia que las realizaciones escénicas no convencionales anteriores hicieron emerger. En una propuesta de Procesos Colaborativos con el Laboratorio de Práctica Teatral, que es el colectivo artístico del que participo habitualmente, surgió la oportunidad de realizar una ópera junto a Objetivo Lírico y a Kalibán Usina Teatro: “La Flauta Mágica” de Mozart, en Tractatus, en mayo de 2016. La resultante fue una hibridación de la realización teatral performativa y de la ópera, como disciplinas encontradas. Fue un encuentro entre paradigmas y categorías opuestas o distantes, en principio, que detonaron un espacio de necesidad que imbricaba la superación de las diferencias tradicionales. El impacto de este encuentro generó la convocatoria para participar, junto al director de arte Marcelo de los Santos, para la Temporada Lírica 2017 en el Teatro Solís.consul

Hace tiempo que la temporada de ópera del Solís necesitaba propuestas contemporáneas, como hace el Colón, que ha llegado a versionar novelas de Sábato o a encargar a nuestro Leo Maslíah una versión de “Los cantos de Maldoror”. ¿Cómo ves este desafío de presentar obras del repertorio del Siglo XX?

-Creo que es un gran desafío. Pero la dimensión es aun mayor que la selección de un título de ópera del siglo XX. Porque aquí no solamente se apuesta a ello, sino a rebasar la forma tradicional de puesta en escena. No se trata de la ilustración del texto de la partitura, que propone la representación clásica, sino de realizar un acontecimiento performativo que encuentre a los dos lenguajes, el de lo musical y el de la escena, de una forma autónoma y no subordinada. Definitivamente, este empeño connota la decisión del Teatro Solís a entrar en el siglo XXI de las artes.

Y especialmente esta obra, “El cónsul”, tiene una temática política y social que sigue presente. ¿Qué es lo que considerás vigente y atractivo para nuestro público de hoy?

lujan2-En el mundo entero se está repensando la idea de Estado. No la tan mentada reforma, sino una idea nueva, un otro paradigma de Estado. Las tecnologías del nuevo milenio; las economías capaces de fundar o borrar países, sin que importe ni una sola persona de esas naciones; la concienciación de nuevos derechos antes inimaginables; la caída de la credibilidad de la representatividad en la democracia; la ampliación del campo de batalla al propio cuerpo de los individuos; el rol de los medios de comunicación masiva, capaces de bajar o subir presidentes; los migrantes, las guerras, nos ponen, como artistas, en un lugar ineludible de manifestación. El mismo sentimiento, creo yo, que llevó a Gian Carlo Menotti a desarrollar un drama terrible a partir de una vivencia personal, frente a una mujer inmigrante sin la documentación necesaria en Estados Unidos. El mismo sentimiento que habrá llevado también a Armando Discépolo, retratista genuino de esos mismos asuntos terribles de principios de siglo XX en nuestro estuario amarronado, a dirigir la primera puesta en escena del drama de Menotti. El lugar desde donde el arte debe exigir también Verdad y Justicia, contra la impunidad de toda estructura que atente contra lo humano.