Teatro por el mundo: La filosofía pregunta, el teatro hace que responde

Por Luis Vidal Giorgi

foto teat x el mun 1Las relaciones entre teatro y filosofía han sido variadas, van desde las obras clásicas griegas -tomadas como referencia o punto de partida para reflexiones acerca de la naturaleza humana- a las obras sobre la vida y desvelos de filósofos, para arribar a la época moderna, donde hay filósofos que sienten la necesidad de expresarse escribiendo para el teatro.

Sobre la reflexión a partir de los textos de la tragedia griega, además de lo más divulgado de Freud y Lacan, destaquemos los escritos de la filósofa española María Zambrano (1904-1991) sobre el personaje de Antígona, personaje que por su juventud e idealismo, sumado a que es una heroína positiva en el panorama clásico, ha motivado numerosas reescrituras del mito original.

Sobre la vida de filósofos se han escrito por lo menos dos obras sobre Sócrates, una del dramaturgo uruguayo Álvaro Malmierca (1957): “El hombre más feo de Atenas”, interpretada por Berto Fontana. También en este rubro literario, uno de los textos más interesantes es “Los últimos días de Emmanuel Kant”, del vasco-español Alfonso Sastre (1926), basada en la paradoja vital del filósofo alemán que explicaba el mundo a través de la “razón pura” pero terminó sus días perdido del mundo por el Alzheimer.

Por último, entre los filósofos que han escrito teatro para demostrar en el ejemplo las conductas humanas, sus teorías acerca del sentido de nuestras acciones y creencias, se destaca sin duda Jean Paul Sartre (1905-1980) por la profundidad de sus obras, por la calidad literaria de las mismas y por la repercusión que tuvieron. Recordemos que Sartre era lo que hoy llamaríamos una personalidad mediática, el teatro era entonces un medio de comunicación relevante y París todavía el centro del mundo artístico cultural. Tanto fue la trascendencia de Sartre que sus obras fueron prohibidas por la Congregación de la Fe del Vaticano en 1949, aclarando que eran brillantes literariamente y por lo tanto más peligrosas.

Y, justamente, parte del teatro de Sartre, el menos político, se sigue representando por el mundo. Especialmente “A puerta cerrada”, en la que cuatro personajes están encerrados en una habitación que puede ser una prisión, de la cual no pueden salir, aunque luego sabemos que están muertos y que ese lugar sin ventanas ni baño, donde no hay nada -un concepto afín al existencialismo de Sartre- es el infierno, aunque sin fuego alguno. Esas almas están condenadas a estar juntos por toda la eternidad, pues “el infierno son los otros”.

Hay varias versiones de dicha obra en el mundo, incluyendo Argentina y España. En la versión española, interpretada por jóvenes egresados, se han agregado datos actualizados a la psicología de los personajes. Por ejemplo, uno de ellos es “Americano, publicista, trabajaba en un periódico, hombre de letras, maltratador de su esposa durante 5 años, aunque no se arrepiente de nada. Es un cobarde. En un primer momento alega que falleció por dos balas en el cuerpo hace un mes, que lo fusilaron porque en la guerra no quería alistarse”. La traducción justamente es de Alfonso Sastre.

Esos personajes deberán convivir con el vacío de ese espacio y el vacío de sus vidas pasadas.

En aquellos momentos de efervescencia intelectual y auge del Existencialismo en Francia, fueron famosas las polémicas entre Sartre y Albert Camus (1913-1960), los mayores exponentes dicha corriente filosófica. Ambos se conocieron casualmente en el estreno de “Las moscas”, obra teatral de Sartre, en la Francia ocupada por los nazis en 1943. Sostuvieron una amistad que duró hasta 1952, cuando se distanciaron para siempre por opiniones políticas diferentes, que incluían el uso o no de la violencia para alcanzar la transformación social.

Respecto al ámbito teatral, Albert Camus sigue siendo más representado. Además de sus virtudes, era ante todo un escritor de ficción literaria en las que planteó sus ideas sobre la libertad, la responsabilidad y la soledad, más que como autor de ensayos filosóficos.

SI NADA DURA, ENTONCES TODO ESTÁ PERMITIDO

GRA468  MERIDA  12 07 2017  Un momento de la puesta en escena de  Caligula   esta noche en el Teatro Romano de Merida  incluido en la programacion del Festival Internacional de Teatro Clasico de la capital extremena  EFE   Jero Morales

GRA468 MERIDA 12 07 2017 Un momento de la puesta en escena de Caligula esta noche en el Teatro Romano de Merida incluido en la programacion del Festival Internacional de Teatro Clasico de la capital extremena EFE Jero Morales

En teatro sobresale su primera obra, “Calígula”, en torno al emperador romano desmesurado y cruel, que habilita a reflexionar sobre los deseos, el poder absoluto y el sentido de las acciones humanas.

Una puesta en España con la dirección de Mario Gas enfatiza acertadamente, según la crónica “en el proceso de autodestrucción de Calígula, acentuando los estados de ira de su peligrosa neurosis y su perfil andrógino. El montaje ahonda en temas como el abismo existencial, la arbitrariedad en el abuso del poder y la imposibilidad del amor, entre otros”. Se ha estrenado en el Teatro Romano de Mérida en el marco del Festival de Teatro Clásico con la elogiada interpretación de Pablo Derqui. Sobre su personaje señala el actor: “Ante la disfunción de que el amor no es nada, de que todo es mentira, que nada dura y que la muerte llega cuando llega, este emperador poderoso se va encaminando a un lento suicidio. Su gran error fue que acabó negando al hombre y al mundo, y eso le llevó a negarse a sí mismo. Es su final”.

Se trata de una obra siempre atractiva pues el mismo personaje es teatral en sus gestos y acciones, por algo “quiso tocar la luna”. En Montevideo se representó en los años ochenta en el Anglo con la actuación de Roberto Jones.

Otra obra de Camus muy representada es la tragedia “El Malentendido”. En Uruguay fue presentada en Teatro Circular hace unos diez años dirigida por Juan Graña. La acción transcurre en un apartado hotel, regenteado por una madre y una hija, en el cual a veces asesinan a los huéspedes solitarios para quedarse con sus pertenencias, pero este último crimen depara una terrible sorpresa: el muerto es el propio hijo, quien luego de 20 años de ausencia volvió de incógnito.

En la actualidad se presenta una versión en el Teatro Nacional de Caracas, la crónica resalta las preguntas que el espectador puede hacerse ante esta puesta: “¿Es posible comprender los crímenes originados en la injusticia? ¿Pueden llamarse casualidades a los hechos marcados por el destino? ¿La culpa lavará el corazón de una madre arrepentida?”

Y estas preguntas siguen sobrevolando las obras de estos dos formidables creadores, como lo fueron Sartre y Camus, como para que sigan polemizando en el más allá y en los escenarios de este mundo.

ALEMANES BUENOS Y MALOSfoto teat x el mun 3

Por último, destaquemos una obra de un filósofo actual, francés también -tenía que serlo- polémico, iconoclasta y egocéntrico. Se trata de Michel Onfray (1959). Su línea filosófica se puede denominar hedonismo ético y desde allí cuestiona, desde la creencia en la existencia de Dios, al Psicoanálisis o al Estado. Una de sus referencias al parecer es Camus, según señalan algunos intelectuales, por su suerte de anarquismo individualista.

Pero lo que nos interesa es que en su obra teatral “El sueño de Eichmann” sostiene que este planificador nazi del exterminio de los judíos en Europa, que citó a Kant en el juicio que le hicieron en Israel luego de secuestrarlo en Buenos Aires y condenarlo a merecida muerte, no se equivocó al nombrar a Kant como inspirador de la obediencia debida, sino que, por el contrario, fue un buen lector del mismo.

Obra polémica que se ha representado en varias capitales europeas y en Bogotá. Resulta muy interesante su explicación de la obra, ya que en definitiva lo que plantea es reivindicar a Nietzsche más que acusar a Kant. Dice en una entrevista en Colombia: “Quise rendirle un homenaje a Nietzsche, valorizarlo y hacer justicia, ya que mucha gente piensa que él ideó el antisemitismo, el fascismo, y quien realmente lo hizo fue Kant. Eichmann leyó muy bien a Kant y en él justificó su antisemitismo, si se lee a Kant y nos quedamos solo en esa lectura kantiana, estaríamos en el enfoque de la obediencia, la docilidad, la sumisión y, contrariamente, si pasamos a la lectura de Nietzsche estaríamos en la liberación, en la expansión del ser humano en la sociedad”.

También el filósofo español Fernando Savater (1947) escribió una obra sobre Schopenhauer titulada “El traspié”. Fue representada en el 2013 pero no tuvo buena recepción. Savater en parte se molestó, dijo que pensaba que el teatro había vuelto a interesarse por la palabra pero que se había equivocado, ya que en estos tiempos lo que prima es el zapping. Y no se la representaron más. Savater abusa de las palabras, aunque de manera brillante, como buen español.

El abuso de las palabras es también un problema de la filosofía, no sólo del teatro. De cualquier modo esta relación entre teatro y filosofía va a continuar mientras el mamífero pensante siga haciéndose las preguntas de Kant: ¿Qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe esperar?, ¿qué es el hombre? Y así hasta el fin de los tiempos.