Teatro por el mundo: Oscar Martínez: Un actor siempre en ensayo geneneral

Por Luis Vidal Giorgi

foto teat x mun Oscar-Martinez1El justamente galardonado por su reciente película “El ciudadano ilustre”, el actor argentino de extensa trayectoria en teatro, cine y televisión Oscar Martínez, en sintonía con el interés que ha despertado su labor creativa ha lanzado un libro con reflexiones sobre el arte actoral.

El libro se titula “Ensayo General. Apuntes sobre el trabajo del actor”. Está escrito con soltura e intensidad, lo cual lo convierte en una lectura fluida en la que sistematiza, analiza y elabora acerca de algunas características de la búsqueda creativa en la interpretación. Asimismo, desde el comienzo denota que no pretende establecer una metodología ni innovar, sino revalorizar algunos principios que posibiliten crear “las condiciones para que la expresión acontezca” involucrándose en la realidad creada por el texto y las acciones de los personajes, y guiándose por el estímulo interno. Evitando ocuparse en primer lugar de la expresión, que es lo exterior, señala Martínez: “Cuando un intérprete tiene su atención puesta en la expresión… se hace groseramente evidente por su artificiosidad. Podría decirse que lo que expresa, en ese caso, es esa atención que tiene puesta en la apariencia exterior, ya que es eso lo que internamente lo está ocupando… No se le cree, no conmueve, no captura nuestro interés”

Martínez, que se ha destacado en el cine, sin embargo –y deberían leerlo los aprendices a directores de cine que muchas veces desconocen o desvalorizan el teatro– reivindica el teatro como el lugar de la formación desafiante del actor; dice: “Hay dos factores fundamentales que convierten la práctica escénica en una experiencia superadora del trabajo actoral en relación a las formas audiovisuales: la presencia del público y la repetición”. Más adelante agrega, como diferencia, la fragmentación de la actuación en cine, donde se puede llegar a actuar el final primero y el inicio después, mientras que en el teatro el proceso y la línea de pensamiento del personaje –categoría fundamental para el autor– deben encontrarse en los ensayos y mantenerse en cada función, sin intermediarios, sin efectos, el actor con su cuerpo frente al público.

PENSAR LA ACCIÓN

Aclara Martínez respecto al personaje que “no se trata de “interpretar” su pensamiento, sino que se deduzca por medio de sus acciones”. Se trata de un pensamiento voluntario que guía los actos, así: “Un personaje ¿quiere seducir a alguien?, ¿quiere defenderse de un embate?, ¿tiene un propósito?”. Y afirma que cuando una interpretación carece de esa línea de pensamiento es “una cáscara vacía”.

En el libro aborda otros elementos técnicos que hacen a la interpretación como el manejo de la voz, la vivencia que pasa por el cuerpo, la relajación, la memoria, la integración del accidente en escena, la pasión como motor del artista, que se inscriben en una línea stanislavskiana, pero también rescata la capacidad de observación y la imitación como aportes a la creación escénica.

Otra de las virtudes del libro es la sobriedad respecto a las propias experiencias que evita la autobiografía narcisista, recordando incluso algunas experiencias traumáticas como la ocasión en que en una obra de suceso, con seis funciones semanales y dos años en cartel, vivió la pesadilla de los actores: quedarse en blanco en un escenario con la platea llena. Su cuerpo le dijo basta al esfuerzo desmesurado.

 EL ARTE CON PASIÓNfoto teat x mun Oscar-Martinez2

En definitiva, sostiene en sus apuntes Martínez, la vida misma es la mejor escuela del actor, entrenando la capacidad de observación y atesorando vivencias, todo para el fin último de vivir otras vidas que es la esencia del actor: pero para hacerlas vivir en el escenario en su singularidad y sin los recursos ya manidos del oficio. Se trata de sorprender siempre. Y señala el autor: “En el personaje más ramplón y vulgar hay rasgos de singularidad que lo diferencian y lo vuelven verosímil a la hora de interpretarlo. No es un “hombre común”, es ése hombre común. En la vida real, la singularidad es la norma, no la excepción. Es en ella que el actor debe intentar poner su atención si quiere crear algo vivo”.

A propósito, trae a cita una frase de Bernard Shaw a sus actores y que tiene relación con el título del libro: “Señores, esto no es un ensayo general; es la vida”. Y con ese desafío, más el público que espera, es necesario mantener el alerta creativo, allí donde debe convocarse la pasión. Nos recuerda y se recuerda Martínez que: “A veces el exceso de trabajo, el éxito o el fracaso, los avatares de la vida personal o la inercia, hacen que nos extraviemos y que esa pasión original parezca perdida. Es, casi, como perder la vocación, que en el caso de un artista es como perder el alma”.

En el caso del escritor que interpreta en “El ciudadano ilustre”, quizás su personaje deambule por sus orígenes en busca de la pasión perdida, pero en el caso de Oscar Martínez este libro está escrito con meditada pasión, que lo muestra coherente como artista y, como decía su maestro Juan Carlos Gené, se “ha ganado el escenario”.

Un libro cálidamente envolvente para aficionados al arte escénico y un libro motivador para los que ejercitan y estudian esta disciplina artística, siempre en busca de sí misma.